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lunes, octubre 11, 2004

Incubación

No hay nada peor que incubar una gripe en casa ajena. Y en cama ajena, también, y más aún cuando el de al lado tiene que madrugar.
La garganta se reseca y siento incapacidad para tragar mi propia saliva. Si un lado de la nariz parecía taponado y perdido para siempre, el otro ha debido de tener envidia, porque se le ha unido en su lucha contra mí y a pesar de mis esfuerzos, no me ha quedado otra que abrir la boca y respirar de esta incómoda manera, por lo cual mi ya enferma garganta no ha hecho sino empeorar.
El dolor de garganta, nunca falla, sube hasta la cabeza y aporrea, aporrea, aporrea...también resuena en mis oídos y llega a casi incapacitarlos.¡Dios mío, no oigo!
La fiebre ataca, y todo mi cuerpo, débil y dolorido, gime de dolor ante cualquier intento de cambio de postura, que, seamos sinceros, en una cama individual ocupada por dos es harto imposible.
A todo esto se le une el hecho de la terrible oscuridad, que distorsiona y no da ni una leve idea de la hora que es. El agobio en una pequeña habitación que me ahoga por momentos, y de la que
1. no puedo salir porque la alarma se dispararía y despertaría no solo a los habitantes de la casa sino también a la policía y
2. Si despierto a mi compañero para que la apague para salir a tomar el aire no se lo va a tomar nada bien.

El caso es que entre vuelta para arriba, vuelta para abajo, a un lado, al otro, gasto de un paquete de clínex y quejidos varios...el tiempo transcurrido dormida a lo largo de la noche no habrá sobrepasado los 5 minutos.
Pocas veces deseé tanto que la mañana apareciese ya, con gallo o sin él.

3 comentarios:

Serdodebarna dijo...

Cuánta razón en tan pocas palabras, señorita... Viva la gripe!! Vivan los mocos!!

illa dijo...

Aaag, calla, soluciones quiero ya! Frenadol caca! Mentira todos!

Serdodebarna dijo...

Ya sabes, beber cerveza, pasar frío, dormir poco y no comer nada. Bueeeeno, y un porriiiilloo...