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jueves, junio 29, 2006

Instigar

Me fuerzo a levantarme día sí día también, intentando ser un resorte. Hay días en que lo consigo a la perfección y otros...no tanto. Pero lo voy consiguiendo, cada rutinario día. El cambio de horario no afecta a mi incomodidad, que sigue siendo la misma. O mayor.
Animal de día, mi actividad sólo aparece ante el libre albedrío, y huye al caer la noche.
Mis ojos hinchados, mis muslos pesados a causa del horrible calor (temperatura de más de 30 grados) a la que me somete este ático despiadado. Esta habitación caótica que enmaraña mi cabeza y absorbe mi libertad.

Como el pesado objeto de hierro que se hunde en el mar sin remedio, así se siente mi cuerpo ante cada paso, ante cada compromiso.

Veo a las jóvenes madres (aquello que una vez fue la mía) con sus retoños. A las abuelas sin la tersura. Y nos asemejo al material maleable que, aún sin forma, es tan bello al principio, dejando abierta la incógnita de su porvenir. Su naturaleza y las circunstancias hacen que coja poco a poco forma para, finalmente, ser del todo barro seco forjado. Barro duro como la roca pero cada vez más agrietado, incapaz de volver a moldearse ante el incesante fluir.

Veo a las jóvenes madres con sus retoños, a aquello que fue una vez la mía y a aquello que fui una vez yo. Y yo, que ya estoy más cerca de ellas que de los niños, no me hago a la idea de haber traspasado la frontera. Quizá porque nunca he dejado de sentirme niña. Quizá porque toda mi adolescencia fue pura pose, y mi juventud llegó inducida.

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lunes, junio 19, 2006

Homo Ludens


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...Y ahí vimos la curva fatídica en la que todo sucede (aunque no en esta vuelta, claro)

Ayer, por primera vez, fui al circuito de Montmeló a ver el GP de Motociclismo. Sin ser seguidora de este deporte, y sonándome apenas dos únicos nombres de los corredores (Pedrosa y Gibernau, cómo no), viví con euforia todas las carreras (La de Bautista en 125 me caló hondo) y sufrí estrepitosamente con cada caída (que fueron muchas).
La preocupación por Melandri y Gibernau, las esperanzas en Pedrosa, la euforia del forofo, el rencor al oponente, la admiración de un buen dominio , la velocidad y la estrategia. ..El sentimiento de camadería. Una gran experiencia, después de todo, que me acercó algo más al amor por el deporte, el amor por el motor; y por los ídolos.
Curioso acontecimiento éste de la afición, que se mueve por pasiones dejando casi enteramente de lado la razón (aunque nunca del todo).
Quizá por ello el ser humano ama tanto los deportes y las competiciones. Por este sentimiento filial que le crea placer y recreación. Que incentiva su espíritu de participación y lucha.
Igual que ahora mismo cientos de personas celebran la victoria de España frente a Túnez, otros cientos celebraron la de Nadal frente a Federer, y la de Alonso en su última carrera.
No me cabe duda de que éste está siendo un buen año para el deporte español, y, quizá por ese motivo, este año me he acercado algo más a cada deporte y he vivido de cerca la pasión deportiva, que comporta no sólo el querer hacerse vencedor del objetivo, sino apreciar un buen juego y las buenas aptitudes del deportista, que llega a ser admirado por ello.
Supongo que, a fin de cuentas, el deporte no es más que la evolución de los juegos competitivos/educativos que ya el homo sapiens practicaba, del homo ludens que todos somos, y de las ansias de superación que encerramos entre muros.

jueves, junio 15, 2006

Money, it's a hit

Es la primera vez que sueño con dinero. Sin metáforas ni ambigüedades.
En mi sueño, una parte de la cantidad de dinero que veo día sí día también pasar ante mis ojos (numéricamente hablando, se entiende), iba a parar a mi cuenta corriente; y de repente no era rica, pero sí adinerada: me podía pagar las vacaciones a Grecia que he tenido que relegar a mejores tiempos, comprar los muebles más caros, pintar todo el piso en veneciano si me daba la gana y hacerme con el vestido de mi diseñador preferido para la boda de D., además de regalar a mis padres el aire acondicionado de una vez por todas (la casa de cristal no, que éso es un proyecto de mi padre en plena crisis de los 40 y en baches existenciales mejor no entro: ¿¡habráse visto persona incapaz de comprar un aire acondicionado pero que proyecte remodelar la casa a base de muros de cristal!? ja!)
Lo dicho. Que nunca antes había soñado con el dinero, pero cada vez debo estar más convencida de aquello de que no da la felicidad, pero sin duda ayuda y es tan patente mi preocupación que se refleja en mi universo onírico.

Siempre he querido dar la imagen de persona materialista precisamente porque creo que no lo soy (aunque adore las cosas bonitas (¿quién no?)). Ya que sí, soy la viva representación de aquello de: queremos siempre lo que no tenemos, siempre te atraerá tu contrario..y proverbios similares. Pero realmente ahora palpo la importancia de lo material y, más concretamente, del dinero. ¿Por qué? Pues quizá porque me he montado en un rumbo de vida en el que este bien escaso/preciado es necesario. O no. O quizá porque simplemente nos lo imponen como tal. O las dos cosas.
Y ahora doy más importancia al sinsabor del salario de mi trabajo (que hasta ahora me era más o menos indiferente) que al de los horarios (su otro gran pero, aunque por supuesto no para mí, que me niego a trabajar más horas de las estipuladas por norma), y me imagino llevando vidas mejores aunque sea gracias a un videoclub, o mejor aún, como ama de casa tipo Desperate (ya que de suerte hereditaria...poca).
Y sí, que ya sé que todo el mundo quiere ser rico, ganar la lotería (a la que nunca juego) y tal. Pero es que éso ya se ha convertido en costumbre adquirida, por lo que no tiene peso. Mientras que yo hoy..¡he soñado con mi banco y ceros multiplicándose en mi cartilla!! (que tampoco miro nunca, digamos en la pantallita mejor). ÉSO ya es grave (va más allá del querer algo por costumbre, convención social o lógica. Se convierte en deseo casi primordial et conditio sine qua non la felicidad no sería del todo completa...)

Esta noche ha habido una inflexión en mi vida. Las carencias a las que me ha llevado la vida adulta (occidental y capitalista) han hecho mella en mí y me he convertido en lo mismo que mi vecino del segundo (porque en mi bloque no hay quinto) y en la imagen que quería dar (pero que no era): una materialista, consumista (vale, esto sí lo era) con un sueño vanal: dinero, ven a mí!

martes, junio 13, 2006

Ssssh


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El tiovivo que gira y gira. 25 grados y el sol que broncea tus mejillas y aclara tu pelo.
Un verano más que se acerca contigo a horcajadas, y, lejos de tener proyectos o soñar con el cercano futuro, simplemente te dejas llevar por los acontecimientos y mantienes una calma pasmosa.
Ayudas a un amigo a afrontar una ruptura, trabajas sin dejar que la presión te lleve por delante (digan lo que digan), preparas sorpresas, bailas hasta hartarte, te reencuentras con viejos amigos; y haces nuevos... Duermes doce horas seguidas, cantas lo último de un nuevo descubrimiento musical, prestas algo, eres mala persona, comes sin remordimientos, te olvidas del dinero, vas al gimnasio sólo porque te apetece, crees que lo conseguirás todo, devoras libros buenos y malos, películas geniales y fatídicas...pasas de lo demás.

Cogerte de la mano, tu bronceada mano. Sólo eso. Y darme la bienvenida.
Sin pronunciar palabra, dejarás que fluya el tiempo. A lo tuyo. Observando desde fuera cómo nadie se emociona al escuchar tu canción preferida, la propaganda masiva de un partido con el que no compartes ideas, o la programación de una televisión hecha a medida vía emule y de una moda vivida a través de revistas y blogs.