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martes, septiembre 23, 2008

Ohio onegai shimasu





No me decepcionó el país.

Con la ciudad consumista por excelencia. Repleta de altísimos edificios con inexcrutables carteles en cada una de sus plantas, creando un paisaje de desorden permanente en sus calles.
No. Experimentar en Tokyo el recorrido de 10 plantas de tiendas de ropa y complementos femeninos, con brillantes, plumas, colores, tacones y lentejuelas por doquier; mientras suena el Labels or Love de la ost de Sex in the City (by Fergie)..ciertamente, no tiene precio. No tienen precio las llamativas dependientas de pestañas artificiales y uñas de fantasía. De cabellos exuberantes y ropas mínimas; entonando su Irashaimaseee a cualquier atisbo de movimiento.
El coro del consumismo. El coro de la moda nipona.

La organización. Mimética. Educada. Aparente. El orden imperdonable, del tipo que genera remordimientos si se quebranta.
La moda etérea, simbiótica, cool y hortera. Kitsh, naif y naive.
Todo abocado al futuro, pero sin soltar la mano de su pasado.

Al lado del famoso oso de peluche que invita a los niños a comprar su última aventura, se ubican los posters provocadores que invitan a los edificios llenos de Hentai y las maiden girl que, cómplices, me sonreían cuando les pedía una muestra de sus pañuelos.

Cuando la tecnología es la punta de lanza de una sociedad, su educación y silencio es mucho más valorado. El individualismo con infinito respeto hacia el otro es el secreto de la colectividad sin conflicto, aparente.

Los templos, majestuosos unos, modestos otros, contrastan con las lujosas tiendas de sus esquinas.

Un Gucci con armadura de samurai en su escaparate nos recuerda, no obstante, que la tradición no deja de caer al servicio de la moda...