Sigue mis pasos por email ;)

martes, noviembre 20, 2007

Roxy y Buzzparadise

A través de Buzzparadise.com, me han ofrecido el privilegio de ser una de las 40 personas que pruebe el nuevo perfume que ha lanzado la, hasta ahora por mí solo conocida por su ropa, marca Roxy.


Ha sido una grata sorpresa (a pesar de que ha tardado un poquito en llegar, pero más vale tarde que nunca) el recibir un pack completísimo de perfume (100ml), gel, crema de cuerpo + neceseres.
Y aún más grata al comprobar que el perfume en sí me gustaba (no nos engañemos, es común el evento en el que te regalan la colonia que arrinconarás al final de la estantería durante el resto del año.


El perfume parece haber sido creado por Antonie Maisondieu (de la casa Givaudan), quien describe su creación de ésta forma :


“Para darle a la escencia un toque único, tu ritmo olfativo dinámico y potenciar todas las facetas de la actitud Roxy, lo primero fue salpicarla con cáscaras de frutas cítricas y bayas aterciopeladas, para resaltar su energía y su carácter juguetón. Después añadí magnolia, lirios del valle y violetas porque son flores alegres con escencias muy luminosas. Para terminar, escogí un toque de almizcle y un magnífico ylang ylang orgánico que, unidos a la riqueza tropical de la flor de plumeria, iluminan el conjunto en una armonía de ámbar salado.”


Vaya, que leyéndole parece que me haya adentrado de nuevo en la novela de El Perfume. Realmente..al igual que cursos de catas de vino, ¿habrá cursos de realización de perfumes? Igual descubro un talento oculto :P


Pues nada, simplemente agradecer el detalle a Buzzparadise y lanzar la idea de un nuevo regalo incluso de cara a Navidad, que El Corte Inglés ya nos está metiendo prisa ;).

Debía este post;).

sábado, noviembre 03, 2007

Lula dice

Lula dice

Tan sólo una vez en su vida se portó de manera irresponsable, se permitió un descanso de conciencia, moral o juicio; y se dejó arrastrar a un abismo que desconocía.

Verano del 2001. Vacaciones en la ciudad natal. Visita a la familia.
Le une un amor filial tan sumamente intenso a su primo; un año menor que ella y de naturaleza loca, homosexual e ingenua; que confía plenamente en su buen juicio y le permite casi todo, creyendo que cada una de las locuras que puede acometer no son más que una fase que le ayudará a convertirse en la gran persona que sin duda será.
Como decíamos…Verano del 2001. Calor. Fiestas de estío. Reunión con viejos amigos y un objetivo común: comerse la noche, la mañana y el mundo. Para lo que cuentan con tantos aliados que lo ven al abasto de sus manos. Comienza la noche del sábado.
Discoteca 1: Reencuentro con conocidos. Todo el mundo parece nervioso, a la espera de algo. Los conocidos se reencuentran. Bromean, ríen, estrechan manos, y comienzan los negocios. Lula, en la retaguardia, lo observa todo.
Las primeras botellas de agua son la también primera evidencia de lo que conlleva el divertimento de esa noche.
Es una estrella. Pruébala, va. No hace casi nada, no pasa nada.
Así que Lula se encomienda al buen juicio de su primo y toma su primera pastilla de diseño. Una estrella que no sabe a qué paraíso la llevará. El pájaro enjaulado que hasta entonces ha sido…pugna por salir. Todo por la razón de experimentar. De formar parte de la sensación común.
Primero tomaremos media. Luego...una entera.
Si la mezclas con alcohol hace más efecto.
Todo el mundo es feliz, orgulloso, y vacila de ello. Lula se lo come todo con los ojos (y el mundo, ya llegará)
Fin de la Discoteca 1: Físicamente agotados (pero psíquicamente estimulados) el grupo de amigos se retira un par de horas al hogar del primo. Lula entre ellos.
Entre risas, conversaciones intrascendentes y cambios de ropa; rayas de speed desaparecen de la mesa del comedor. De nuevo, Lula entre ellos.
La primera fue como cuando se le metía agua por la nariz buceando en la piscina; o cuando la ahogaban sus amigos bromeando. La segunda fue más fácil. Se pareció más a comer peta zetas. Eso era más adictivo.
Las 10 de la mañana y ojos de búho, palabras aceleradas, ánimo por las nubes. Tal fue el efecto de sus nuevos peta zetas.
12 AM. Discoteca 2: Un local herméticamente cerrado e inteligentemente insonorizado. Luces opacas en su interior; y lleno, aunque desde el exterior nadie lo hubiese dicho. Aquí, y a esta hora, el humor que domina parece distinto. Ya no hay risas ruidosas, bromas desfachatadas ni vaciles. Los ojos miran ahora a un punto más lejano y parecen más perdidos; pero sus dueños tienen un objetivo mucho más claro. En consecuencia todos los intercambios son más directos.
Te invito.
Lula busca de nuevo la mirada de aprobación. La encuentra y sonríe.
- Ok. Vamos -.
Entra en una pequeña habitación contigua a la gran sala de música electrónica. Es una habitación pequeña y vacía que la recibe con los brazos abiertos. Una salita camuflada, diríase que hecha para el único cometido de proveer tranquilidad para la satisfacción.
Uno..Dos…Los polvos suben y el carpe díem hace acto de presencia como nunca habría imaginado que podría hacerlo.
Lula sale de la salita y redescubre la esfera social del rito que acaba de realizar. Se siente partícipe del acto, como si de un evento social se tratase (al fin y al cabo, es un evento social, se dice). Evento en el que todos comparten la búsqueda de la misma experiencia a través del mismo medio.
14:00h AM: Mediodía resplandeciente. Lula no sabe si la sensación de sueño es real o ficticia. Pero ríe, abraza y se arrastra hacia su hogar. Como el resto.

Yo digo

Tan sólo una vez en mi vida me porté de manera irresponsable, me permiti un descanso de conciencia, moral o juicio; y me dejé arrastrar a un abismo que desconocía.
Verano del 2001. Vacaciones en la ciudad natal. Visita a la familia.
Siempre me ha unido un amor filial tan sumamente intenso a mi primo; un año menor que yo y de naturaleza loca, homosexual e ingenua; que confíaba plenamente en su buen juicio y le permitía casi todo, creyendo que cada una de las locuras que pudiera acometer no eran más que una fase que le ayudaría a convertirse en la gran persona que sin duda sería.
Como decía…Verano del 2001. Calor. Fiestas de estío. Reunión con viejos amigos y un objetivo común: comernos la noche, la mañana y el mundo. Para lo que contábamos con tantos aliados que lo veíamos al abasto de nuestras manos. Comienza la noche del sábado.
Discoteca 1: Reencuentro con conocidos. Todo el mundo parece nervioso, a la espera de algo. Los conocidos se reencuentran. Bromean, ríen, estrechan manos, y comienzan los negocios. Yo, en la retaguardia, lo observo todo.
Las primeras botellas de agua son la también primera evidencia de lo que conlleva el divertimento de esa noche.
Es una estrella. Pruébala, va. No hace casi nada, no pasa nada.
Así que me encomiendo al buen juicio de mi primo y tomo mi primera pastilla de diseño. Una estrella que no sé a qué paraíso me llevará. El pájaro enjaulado que hasta entonces he sido…pugna por salir. Todo por la razón de experimentar. De formar parte de la sensación común.
Primero tomaremos media. Luego...una entera.
Si la mezclas con alcohol hace más efecto.
Todo el mundo es feliz, orgulloso, y vacila de ello. Yo me lo como todo con los ojos (y el mundo, ya llegará)
Fin de la Discoteca 1: Físicamente agotados (pero psíquicamente estimulados) el grupo de amigos nos retiramos un par de horas al hogar de mi primo.
Entre risas, conversaciones intrascendentes y cambios de ropa; rayas de speed desaparecen de la mesa del comedor. Yo ayudando a ello.
La primera fue como cuando se me metía agua por la nariz buceando en la piscina; o cuando me ahogaban mis amigos bromeando. La segunda fue más fácil. Se pareció más a comer peta zetas. Eso fue más adictivo.
Las 10 de la mañana y ojos de búho, palabras aceleradas, ánimo por las nubes. Tal fue el efecto de mis nuevos peta zetas.
12 AM. Discoteca 2: Un local herméticamente cerrado e inteligentemente insonorizado. Luces opacas en su interior; y lleno, aunque desde el exterior nadie lo hubiese dicho. Aquí, y a esta hora, el humor que domina parece distinto. Ya no hay risas ruidosas, bromas desfachatadas ni vaciles. Los ojos miran ahora a un punto más lejano y parecen más perdidos; pero sus dueños tienen un objetivo mucho más claro. En consecuencia todos los intercambios son más directos.
Te invito.
Busco de nuevo la mirada de aprobación. La encuentro y sonrío.
- Ok. Vamos -.
Entro en una pequeña habitación contigua a la gran sala de música electrónica. Es una habitación pequeña y vacía que me recibe con los brazos abiertos. Una salita camuflada, diríase que hecha para el único cometido de proveer tranquilidad para la satisfacción.
Uno...Dos…Los polvos suben y el carpe díem hace acto de presencia como nunca habría imaginado que podría hacerlo.
Salgo de la salita y redescubro la esfera social del rito que acabo de realizar. Me siento partícipe del acto, como si de un evento social se tratase (al fin y al cabo, es un evento social). Evento en el que todos comparten la búsqueda de la misma experiencia a través del mismo medio.
14:00h AM: Mediodía resplandeciente. No sé si la sensación de sueño es real o ficticia. Pero río, abrazo y me arrastro hacia mi hogar. Como el resto.