lunes, noviembre 17, 2008

The show must go on?

En un estado laico occidental del s.XXI (situémonos más: España, 2008), pudiera parecer que la doctrina religiosa perdiese fuerza y quedase relegada a un segundo lugar; por lo que para los ateos y agnósticos aún pudiera ser más difícil sin cabe el verse inmersos en eventos de cariz religioso (teniendo en cuenta que son personas que no deben salir al encuentro de tales experiencias de una manera proactiva). Pero, tristemente, esto no es así y, si bien la religión puede haber perdido en número de seguidores y en rigidez de sus ritos, el espectro de la ceremonia religiosa disfrazada de rito social aún tiene fuerza y vigor en nuestra sociedad. Por lo que, vestido de compromiso social o protocolo (como el de celebrar los cumpleaños, comer el fin de semana en familia o comenzar por los cubiertos del exterior al interior..) los ateos y agnósticos se ven muchas veces "socialmente comprometidos" a asistir a ritos religiosos en todo orden.
Así es como yo, atea , acabé este fin de semana como infiltrada en dos ceremonias religiosas tan dispares como pueden ser un entierro y un bautizo.
Del entierro
La situación en sí ya no es cómoda ni agradable. A pesar de que no te una un lazo sentimental fuerte con el fallecido, ver el dolor de los demás no es algo gratificante y esta experiencia dramática de exposición del dolor y de regocijo en la muestra de la propia pena durante varios días nunca ha sido de mi apetencia.
Tiene un punto hasta macabro y exhibicionista que ríete tú de las películas de David Slade (por decir alguien): el muerto -del que te han explicado los mil y un detalles de su muerte - es expuesto tras una vitrina y viste los mal disimulados colores cítricos de su estado, y la viuda y familiares cercanos, derrumbados, se arrastran de un conocido a otro con pesadez, fatiga, y cara de circunstancias; con lo que poco consuelo me puedo imaginar que les aportará una persona ajena que simplemente siente empatía.
Si todo acabara aquí, a pesar del ingrediente macabro de la exposición del muerto y de la vacuidad del pésame dado por personas incluso extrañas, todo podría entrar dentro de lo acordado socialmente como convencionalmente correcto y de buenas maneras hacia los allegados...Pero entonces, llega el momento cumbre: la misa. De la que puedes decidir escapar pero de la que como te escapes no te perdonará el "ojo social" - aquí el craso error de no distinción entre convención social-rito religioso-.Y ahí estaba yo, atea declarada, levanta, sienta, levanta, sienta del banco de madera...escuchando el parsimonioso cántico del cura y el silencio de los oyentes que acariciados por sus palabras dan el más honorífico adiós a su ser querido.
En tal situación, una no puede evitar sentirse una hipócrita tras hierática máscara.

Del bautizo
Invitada a un bautizo sin posterior banquete, el asistir al evento en sí, desde mi punto de vista, ya no tenía ningún sentido - para simplemente acompañar a los padres y al niño a la Iglesia yo creo que con la familia más cercana es más que suficiente, sin necesidad de implicar a terceros en el ritual -. Aún así, de nuevo empujada por la responsabilidad social que da el entorno familiar, me presenté allí con mi mejor sonrisa y deseos.

No obstante, una vez saludada toooda la familia, dados los besos pertinentes, etc etc etc, mi único deber pasó a ser el de estar tal muñeca, sube-baja en mi banquito, observando como desean el mejor futuro a los infantes tras la bendición del señor al que servirán (...). Mi actitud cínica no podía más que sobresalir a través de una ladeada sonrisa cada vez que un agua imagino fría caía sobre la cabeza de los niños...que lloraban en brazos de sus progenitores.

La solemnidad que ese evento debe tener para los creyentes, no hace más que convertirse en puro teatro y derivar en escepticismo para los que no creemos en ello; por lo que, de nuevo, el malestar general de la simple presencia hace aparición y con él el eterno debate responsabilidad familiar vs. honestidad con uno mismo y los demás. Por lo que te acabas hasta identificando con los niños, que, convertidos en protagonistas sin saberlo, no son más que, al igual que tú en ese momento, meros títeres en toda aquella parafernalia.

Y apesar de todo ello....The show must go on?

domingo, octubre 05, 2008

De qué vas

Quizá se deba a mi egoísta naturaleza, o a mis experiencias no vividas que, dicen, siempre pasan factura. Quizá es simplemente un caso de inmadurez. No lo sé, y me da igual. El caso es que, tengo ya (y el ya aquí, por imposible que parezca, es de vital importancia) 26 años y estoy harta de luchar por cada viernes o sábado noche de querer salir. Por cada cena fuera que cueste xxx euros, por cada puñetero capricho, viaje u experiencia.
A veces soy yo sola contra todos; y a veces son todos...y yo a parte.
Pero estoy cansada de contar las ocasiones en que me salgo con la mía (Y es que las matemáticas - aunque sea tan solo el contar números - siempre me aburrieron.)
¿Todo en pro de qué? De una estabilidad emocional y práctica que ni siquiera sé si es necesaria y/o importante. De una estabilidad que casi siempre creo que sí, lo es todo, pero que me deja sabores amargos en la esquina de cada semana.
Es como.."Toma esta enorme bocanada de aire durante estos 6 días y 23 horas y media" Pero el sabor de la media hora que he de pagar es tan amargo...
Ya no va de amor, amistad, o alegría. No va de sentimientos. Ni siquiera va de ti.
Va del ímpetu, las ganas, del por qué. Del dar sentido a la existencia.
Va de sentirse uno mismo y del reir con ganas. Va del disfrute del momento versus el ahogo en vida.

Para ser sincera...no sé de qué va. Pero el nudo en la garganta aprieta y la muerte en vida, incluso tras leer El retrato de Dorian Gray, nunca ha sido lo mío.

martes, septiembre 23, 2008

Ohio onegai shimasu





No me decepcionó el país.

Con la ciudad consumista por excelencia. Repleta de altísimos edificios con inexcrutables carteles en cada una de sus plantas, creando un paisaje de desorden permanente en sus calles.
No. Experimentar en Tokyo el recorrido de 10 plantas de tiendas de ropa y complementos femeninos, con brillantes, plumas, colores, tacones y lentejuelas por doquier; mientras suena el Labels or Love de la ost de Sex in the City (by Fergie)..ciertamente, no tiene precio. No tienen precio las llamativas dependientas de pestañas artificiales y uñas de fantasía. De cabellos exuberantes y ropas mínimas; entonando su Irashaimaseee a cualquier atisbo de movimiento.
El coro del consumismo. El coro de la moda nipona.

La organización. Mimética. Educada. Aparente. El orden imperdonable, del tipo que genera remordimientos si se quebranta.
La moda etérea, simbiótica, cool y hortera. Kitsh, naif y naive.
Todo abocado al futuro, pero sin soltar la mano de su pasado.

Al lado del famoso oso de peluche que invita a los niños a comprar su última aventura, se ubican los posters provocadores que invitan a los edificios llenos de Hentai y las maiden girl que, cómplices, me sonreían cuando les pedía una muestra de sus pañuelos.

Cuando la tecnología es la punta de lanza de una sociedad, su educación y silencio es mucho más valorado. El individualismo con infinito respeto hacia el otro es el secreto de la colectividad sin conflicto, aparente.

Los templos, majestuosos unos, modestos otros, contrastan con las lujosas tiendas de sus esquinas.

Un Gucci con armadura de samurai en su escaparate nos recuerda, no obstante, que la tradición no deja de caer al servicio de la moda...