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martes, octubre 04, 2005

Yo, yo misma y mis zapatos

Los días pasan raudos y los acontecimientos se suceden. No me dan tiempo a seguirles el rastro, y eso que durante décadas parecieron inamovibles.

Ha empezado una chica nueva en el trabajo. De prácticas. Y de repente resulta que soy yo la encargada de mostrarle el asombroso mundo de los medios.
Mi jefe se ha ido de vacaciones, y aunque en el equipo somos 8 personas más y yo soy la de menor cargo...resulta que es mi responsabilidad. Y ahora delego. ¡Qué cosas!.
De momento me he visto en la inusual situación de tener que enseñar, y darme cuenta en el intento de lo mucho que he aprendido en estos 9 meses (todo un embarazo).
He aprendido muchísimo. Y no lo he sabido hasta ahora, al intentar explicarle a Claudia mil conceptos y funcionamientos de programas que, sin darme cuenta, he llegado a manejar como quien enciende la luz.
Plum.
El inconveniente es que, justo esta semana, estoy a tope de trabajo. Tengo que hacer una brand review para el viernes y entregar la evaluación de un plan. A parte de los ópticos semanales y mensuales con los seguimientos de la competencia y las peticiones generales que van surgiendo.
Aprovecho lo que voy haciendo para ir explicándoselo a Claudia, pero eso ralentiza el trabajo y eso es algo que me pone histérica (el tema tiempo me matará a disgustos un día).
Intento trabajar sin pausa, pero sin errores; y al mismo tiempo enseñar. Pero no es tan fácil como suponía.
¿Iré muy rápido?¿Iré muy despacio?¿Le estaré diciendo obviedades o le suena todo a chino?
Y le pregunto, pero su actitud es únicamente receptora, positiva, y me es imposible saber por el momento si lo hago bien o mal. ¡Pobre Claudia!

Además hemos empezado las clases de inglés. Hace ya 3 semanas. Mi profesor se llama Paurick, o Paurrik, o Poreick (como sea que se escriba, si ni sé pronunciarlo) y es irlandés.
Tiene 33 años y las clases son las más amenas a las que he ido nunca. Únicamente somos 5 personas y nunca estamos todos. Y acabamos siempre hablando de nuestras vidas personales y temas varios (tema IRA incluído). Interesantísimo.
La conclusión vital a la que se ha llegado hoy es que a medida que se van cumpliendo años..nuestras mentes are hotter.
¿Será verdad?
Yo lo único que sé por el momento es que empiezo a tener fantasías con todo hombre mínimamente atractivo que conozco. A ver si no he hecho más que empezar a subir la escalera...

Tercer round.
Yo, ya no soy yo. Quiero decir que no me reconozco.
No me bastaba con pegarme madrugones de campeonato y llegar la primera al trabajo después de años pensando que no había vida antes de las 11 am. (Y no se salía a la calle antes de las 3)
No me bastaba con apuntarme a un gimnasio y hacerme aliada de mi anteriormente más odiada tarea.
No. Ahora, !me he puesto a dieta! Y no una cualquiera, de revista, hecha por ti en un momento de locura, no: ¡He ido al endocrino a decirle que he cogido unos kilos y que me ayude a perderlos!
Ahí estaba yo, en la sala de espera. Rodeada de parejas con bebés y de gente anciana; y pensando en lo necia (según rae: imprudente o falta de razón) que era: ir a molestar al señor endocrino por estas tonterías cuando había gente que quizá sí tenía problemas graves.
Y así comencé a explicarle la situación: Quizá es una tontería, pero...
Y no no. Mi señor endocrino me animó muchísimo diciendo que nada de tontería. Que estaba muy bien que me preocupara y me interesara por corregir posibles malos hábitos. Que ahora que era joven era un muy buen momento y que patatín y patatán.
Me pesó, me midió, tomó la tensión, me dió una dieta,y salí de ahí llena de buenos propósitos.
Vamos, sólo decir que fue salir y comprarme unos zapatos...
Y descubrí el poblema de mis kilos de más del último año: resulta que todo lo prohibido, eran mis cenas habituales (léase miel, chocolate, frutos secos, zumos, galletas, madalenas, uvas pasas etc..).
Y aquí estoy. A dieta durante 3 semanas y luego, a saber.

Cualquier día me cambio de nombre.

2 comentarios:

HSolo dijo...

es lo que tiene la gente profesional, que se preocupan por uno

una vez entré en un banco pensando "jooo hay gente que lo necesita más que yo, seguro que el tío me dice que para qué quiero yo un piso y no me da la hipoteca"

pero qué va!!! me pusieron una alfombra roja, me prestaron un boli para firmar y me dijeron que les trajera más amigos

un beso

Pirri dijo...

Humm... ten cuidado con ese ritmo de vida... Si dejas de mirarte, un día puede que tus zapatos ya no estén en tus pies y debas volver a ver que es lo más importante para que de nuevo estén.