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sábado, noviembre 05, 2005

Toca para mí

De pequeña me fascinaba la música. No por nada sólo veía ese camino en mi futuro.
Las melodías se metían en mi cabeza y me recorrían el cuerpo. Me electrizaban. Las letras se convertían en un eco que resonaba sin cesar, y me encantaba recrearme en él.
Me lo llevaba a la calle y bailaba entre la gente. Cantaba en los trayectos y me acompañaba en mis sueños.
Estudié música, y quise tocar el oboe, por ser el instrumento orgulloso de uno de mis cuentos. Pero me quedé con el piano, que era el de las damitas.
Aprendí a medir, calcular y afinar. Aunque sólo fuera de oídas. A leer, escribir, simultanear y contar. Tenía el don, pero no la perseverancia. Tenía el sueño, pero me desagradaban los recursos, aunque éso fue al final.
Al final fue la presión, y los sudores fríos.
Llevaba 9 años amando notas. 18 soñándolas.
Hasta que envidié la libertad del amor a la música de los demás, que amaban sin etiquetas ni apretados corsés. Y quise ser como ellos. Como los pájaros.
Volver a lo mundanal después de 9 años en el Olimpo, con los dioses.

8 comentarios:

Pirri dijo...

La música es algo que intenté pero... nop, nop... los dioses no me dierón ese don y mira que me gustaría... ¡Ay! mi terrible oido... es fino... pero para la música... Bueno mi cabeza tampoco es buena para el Trivial... y para otras cosas... Pero la música... arrrg, arrrg... como me gustaría...

¿sabes lo que es un theremin?

ladhu dijo...

Bienvenida al mundo, donde la música no lleva corsé ni ataduras. Seguro que te diviertes mucho más.
Abrazos!

Ella dijo...

Hace algunos años los 40 principales decía: Sería terrible vivir sin música.

No sería terrible, yo solo creo que empieza a ser imposible.

MentesSueltas dijo...

La música es un estimulante natural, se potencia con el estado de ánimo, te acompaña... Redondea un momento, le agrega a tu sombra la magia del sonido, que llega al alma... rebota sensorialmente y sale una palabra inesperada, un recuerdo, un amigo ausente.

La música, los aromas, la imaginación.

Zifnab dijo...

A mi me dicen que tengo dedos de pianista, pero es eso lo más cerca que he estadod e un instrumento de música en mi vida. Me conformó con envidiar un poquito a los que son capaces de hacerlo y flipar encontrando cosas perdidas.

Por cierto, curiosa primera elección, la del oboe. Yo creo que era por el nombre, que me gusta, pero junto con la viola y la trompeta es mi instrumento preferido.

Se feliz

chocoadicta dijo...

Yo siempre quise pertenecer al mundo de los "oyentes" no puedo vivir sin música, necesito siempre rodearme de ella pero nunca se me ocurrió tocar ningún instrumento aunque canto a todas horas como las "abuelas" :)). Si te gusta la música no me extraña que quisieras desabrochar el corsé para dejarla respirar y sentirla como es, sin reglas, sin ataduras... increible.

david dijo...

La música no puede ser nunca un corsé. Si lo sentías así es que no la amabas suficientemente. Te aseguro que, como dices, oír música es extraordinario, pero interpretarla es la releche; aunque no lo hagas muy bien. Por otra parte el oboe es mi instrumento favorito. No me cansaría nunca de escuchar los conciertos para oboe del Barroco.

illa dijo...

Hola Pirri, ! Sí sé lo que es un Theremin (gracias a Portishead), pero nunca he visto uno en directo o tocado uno, me gustaría!

Ladhu,tienes razón. Creo que lo que me pasó fue eso: dejó de divertirme. Se convirtió en obligación, david, por eso era corsé. Por supuesto, disfrutaba interpretando, pero llegó un punto en que debía practicar esa pieza concreta para mañana, examinarme de ése ejercicio, hacer ése tono. Escuchaba las canciones y ya no las cantaba como antes. Inconscientemente, mi mente intentaba adivinar las notas, los acordes, las escalas. Ya no cantaba por cantar, cantaba para visualizar el pentagrama. Y ése, fue el peor corsé.

Zifnab, a mí me hubiera encantado tocar el Violonchelo. ¡Es precioso!No descarto que en un futuro..