lunes, marzo 21, 2005

Traqueteando

La niebla lo cubre todo y le da al paisaje un halo de misterio que no se ajusta a la realidad.
Desde el tren, Ana mira al exterior con indiferencia. En realidad, a pesar de haber hecho ese trayecto miles de veces durante más de cinco años, seguramente no sabría representarlo con los ojos cerrados, quizá ni siquiera sería capaz de describirlo mínimamente. Pues a pesar suyo, fuera de su vida personal, Ana fija en pocas cosas su atención.
A veces se siente extraña por ello, pero no le da mayor importancia, pues sabe que de poco le serviría recordar algo tan efímero en su apariencia como es un entorno habitado por el hombre.

Casi doce horas después, Ana emprende el camino de vuelta, esta vez pasando por diferentes parajes, pero también en tren. Y a su regreso ya la noche lo abarca todo y sólo las luces de los comercios, viviendas y algunas farolas callejeras iluminan el camino.
La niebla ha desaparecido, y hay momentos en que sólo ve su reflejo en los cristales.

Un día, Ana imaginó como sería la vida viviendo permanentemente en un tren. Viajando de un lugar a otro infatigablemente pero sin detenerse a conocer, sin ni tan siquiera interesarse por la vista desde los ventanales. Un continuo traquetear indiferente e incesante.
Y eso fue lo que hizo. Lo dejó todo para subirse a un tren que recorría Europa una y otra vez. Sin apearse nunca y mirando de manera ausente el entorno que se abría sin pausa ante sus ojos.

Hasta que llegó el día en que el viejo tren se jubiló, y Ana con él.

2 comentarios:

Violeta dijo...

Vaya, me había saltado este post. Y ahora me lo he leído tres veces seguidas, me encanta.

illa dijo...

Gracias guapa:)