Este post viene relacionado con lo que contaba glue en su blog. Pues me he visto reflejada en sus palabras y en sus actos, y quiero relatar mi forma de ver las cosas porque a veces eso también ayuda a comprenderse mejor a uno mismo y a que los demás se comprendan.
Yo tampoco soy una persona efusiva. Cariñosa es el último adjetivo que quienes me conocen me aplicarían. No me gustan los besos, no doy abrazos y que un te quiero salga de mi garganta es como destapar mi propia caja negra.
Aunque siempre hay excepciones. Con J. conseguí ser más cariñosa (pobrecillo sino..), y con mi primi, también lo soy. Deben de ser las dos únicas personas en el mundo que me sacan abrazos, besos y palabras de aprecio en tono meloso. Y aún así no siempre me salen fluidas.
De pequeña me limpiaba con la mano los besos que me daban en las mejillas. No soportaba aquella sensación húmeda en mi piel que quedaba después, con su saliva impregnada. Y odiaba que me importunasen continuamente pellizcándome o diciéndome lo rica, guapa, lista (y parecidos) que era mientras acompañaban sus palabras con continuas demostraciones de cariño.
Emitía quejas, me zafaba como podía y seguía a lo mío.
Sí, siempre fui muy autónoma. Me gustaba jugar sola sin ser molestada. Y si lo hacían, me encolerizaba.¡Qué pesados!
Al ser mayor, eso se ha transformado en un carácter nada efusivo en cuanto a demostración de sentimientos se refiere. Nunca he dicho un te quiero a mis padres. Ni a mis abuelos, o tíos, o amigos. Los abrazos y los besos me los arrebatan a regañadientes, y únicamente cuando hace mucho tiempo que no nos vemos, o en las despedidas ante separaciones que preveemos serán largas.
No me avalanzo sobre los niños pequeños y los colmo de carantoñas, sino que los miro con curiosidad, pruebo su inteligencia y si no me gusta su carácter, me exasperan.
Ésto no quiere decir que no quiera a mis padres, a mi familia o a algunos amigos. Sino que simplemente no me sale el demostrarlo. Igual que hay gente muy expresiva que enseguida demuestra lo que siente, yo soy todo lo contrario.
En realidad no me desagrada serlo, tampoco es que me de ningún inconveniente. Pero sí hay momentos en que necesitas hacer sentir ese amor hacia los demás, y que la imposibilidad de actuar, no sé bien por qué, se convierte entonces en una enorme barrera insalvable que parece deshumanizarte y separarte del resto de mortales.
Ha habido momentos en que he deseado abrazar, besar y decir te quiero, os echo de menos, estoy preocupada por ti.
Todo mi ser gritaba de agonía por las ganas de decirlo, de demostrarlo, de sacar fuera todo lo que llevaba dentro.
Pero no he sido capaz. No he podido. Como si las formas pudiesen más que los sentimientos. Y me han carcomido las entrañas las ganas.
Me las he merendado, y lágrimas secas se han quedado agolpadas en la garganta.
Abrazos, besos y muestras de afecto abortadas aun cuando apenas habían conseguido atisbar la luz.
Sin encontrar razones. Pero incapaz de evitarlo.
Y es entonces cuando, si pierdes a una de las personas muestra de ese afecto que no prodigas, y te das cuenta del error que has cometido, te duelen más tus no-actos. Tus silencios y tu autonomía.
Ahora sólo te queda confiar en que, a pesar de todo, esa persona de verdad te conociera y supiera sin necesidad de gestos o palabras todo el cariño que le profesabas.
Te queda esa vana esperanza, pero también te queda la incertidumbre de que no sea cierta.
jueves, julio 14, 2005
martes, julio 12, 2005
Con sabor a piña
Yo también estoy dispersa.
Los cambios, el verano, la jornada intensiva (que es fatal para mi dieta, que nunca fue sana, pero ahora es catastrófica), las inquietudes..
Mis veranos siempre son irregulares y desordenados. Y la falta de concentración los domina. Me vuelvo improductiva. Leo menos, escribo menos, pienso menos y me desconcierto más.
Por eso ahora mismo mi blog baila entre todas las aguas posibles. Veo en él remolinos, brisas frescas y soles perezosos.
Sabe a arena, a sal y a malibú con piña.
Supongo que los largos días hacen que vea más apropiado que nunca (mi blog, que no yo) el dejarlo todo para mañana.
Los cambios, el verano, la jornada intensiva (que es fatal para mi dieta, que nunca fue sana, pero ahora es catastrófica), las inquietudes..
Mis veranos siempre son irregulares y desordenados. Y la falta de concentración los domina. Me vuelvo improductiva. Leo menos, escribo menos, pienso menos y me desconcierto más.
Por eso ahora mismo mi blog baila entre todas las aguas posibles. Veo en él remolinos, brisas frescas y soles perezosos.
Sabe a arena, a sal y a malibú con piña.
Supongo que los largos días hacen que vea más apropiado que nunca (mi blog, que no yo) el dejarlo todo para mañana.
lunes, julio 11, 2005
Historias
Todo pueblo tiene su historia. Toda persona, todo piso, toda calle, incluso toda huella la tiene.
No me había dado tanta cuenta de ello hasta hace poco, y todo gracias al vestigio de una historia. Al comentario que dejó ver más allá, mediante el que se sabe que tras esas palabras, se esconde todo un mundo. Toda una época y emociones vividas, y todo fuertemente ligado a un lugar y unos habitantes concretos.
Mi pueblo es pequeño. Cuando llegué a él no llegaría a los 8000 habitantes. Ahora tendrá, no sé, ¿9000 quizá?.
Ha crecido mucho últimamente, pero ya había crecido antes de que yo llegara, y muchas personas ya tenían a él ligada su historia. Hasta ahora ni siquiera se me había ocurrido que pudiera ser así, tan en poca valía lo tenía.
Paca vivió en mi pueblo hace 30 años.
Eso fue antes de que yo naciera. Cuando mi pueblo era apenas una calle y tenía un único edificio de pisos. El mismo edificio que aún hoy se erige, no menos orgullosamente, en esa misma calle.
Me pregunta Paca si sigue en pie esa enorme planta dedicada a la fabricación de embutidos que daba de comer a todo el pueblo.
No, esa empresa quebró armando tremendo escándalo y cerró cuando yo fui a vivir a mi pueblo. Tenía 12 años. Y hace algunos menos, su estructura fue derruida.
Paca dice que ella vivía en el primer edificio que se construyó, al lado de la enorme empresa. Que vivió allí durante 3 años, y lo abandonó cuando su compañero murió en un accidente.
Lo comenta así de directa, parca, seria, sin vestigio de emoción pero sí con el curioso eco de épocas pasadas cubiertas por el polvo. No quiso seguir sacando de su gruta aquel recuerdo, supongo que eso significaría revivir dolorosas emociones.
Pero sí me dice que le encantaba mi pueblo, cree que porque en él pasó una de las épocas más felices de su vida.
Y yo me quedo con la sorpresa atragantada en la garganta y los ojos secos y vacíos en extremo. He estado a punto de decirle que justo en el lugar que ocupaba la antigua empresa están haciendo nuevos bloques de pisos, y que J. y yo planeamos allí nuestros propios días felices.
Pero callo porque esa será mi historia, y no quiero que sienta atropellada la suya por compartir el mismo espacio con la mía.
Ahora camino por las calles de este lugar y me pregunto cuántas historias más esconderá tras sus fachadas. Tras las ventanas cerradas o abiertas y tras las calles asfaltadas o las llenas de polvo.
Sobre cuántas vivencias se habrán abierto nuevos negocios y estarán ahora mismo viviendo sus vidas nuevas familias, que poco o nada tendrán que ver con aquellas del pasado que, por las circunstancias que fueran, siempre tendrán un hueco en su memoria para este entorno. Ese entorno que fue el suyo, y que ahora es el mío aunque yo nunca lo haya sentido así. Aunque sepa que nunca lo sentiré así hasta que lo abandone y lo mire con los ojos de mis recuerdos.
No me había dado tanta cuenta de ello hasta hace poco, y todo gracias al vestigio de una historia. Al comentario que dejó ver más allá, mediante el que se sabe que tras esas palabras, se esconde todo un mundo. Toda una época y emociones vividas, y todo fuertemente ligado a un lugar y unos habitantes concretos.
Mi pueblo es pequeño. Cuando llegué a él no llegaría a los 8000 habitantes. Ahora tendrá, no sé, ¿9000 quizá?.
Ha crecido mucho últimamente, pero ya había crecido antes de que yo llegara, y muchas personas ya tenían a él ligada su historia. Hasta ahora ni siquiera se me había ocurrido que pudiera ser así, tan en poca valía lo tenía.
Paca vivió en mi pueblo hace 30 años.
Eso fue antes de que yo naciera. Cuando mi pueblo era apenas una calle y tenía un único edificio de pisos. El mismo edificio que aún hoy se erige, no menos orgullosamente, en esa misma calle.
Me pregunta Paca si sigue en pie esa enorme planta dedicada a la fabricación de embutidos que daba de comer a todo el pueblo.
No, esa empresa quebró armando tremendo escándalo y cerró cuando yo fui a vivir a mi pueblo. Tenía 12 años. Y hace algunos menos, su estructura fue derruida.
Paca dice que ella vivía en el primer edificio que se construyó, al lado de la enorme empresa. Que vivió allí durante 3 años, y lo abandonó cuando su compañero murió en un accidente.
Lo comenta así de directa, parca, seria, sin vestigio de emoción pero sí con el curioso eco de épocas pasadas cubiertas por el polvo. No quiso seguir sacando de su gruta aquel recuerdo, supongo que eso significaría revivir dolorosas emociones.
Pero sí me dice que le encantaba mi pueblo, cree que porque en él pasó una de las épocas más felices de su vida.
Y yo me quedo con la sorpresa atragantada en la garganta y los ojos secos y vacíos en extremo. He estado a punto de decirle que justo en el lugar que ocupaba la antigua empresa están haciendo nuevos bloques de pisos, y que J. y yo planeamos allí nuestros propios días felices.
Pero callo porque esa será mi historia, y no quiero que sienta atropellada la suya por compartir el mismo espacio con la mía.
Ahora camino por las calles de este lugar y me pregunto cuántas historias más esconderá tras sus fachadas. Tras las ventanas cerradas o abiertas y tras las calles asfaltadas o las llenas de polvo.
Sobre cuántas vivencias se habrán abierto nuevos negocios y estarán ahora mismo viviendo sus vidas nuevas familias, que poco o nada tendrán que ver con aquellas del pasado que, por las circunstancias que fueran, siempre tendrán un hueco en su memoria para este entorno. Ese entorno que fue el suyo, y que ahora es el mío aunque yo nunca lo haya sentido así. Aunque sepa que nunca lo sentiré así hasta que lo abandone y lo mire con los ojos de mis recuerdos.
jueves, julio 07, 2005
Siendo explícita
No veo el tiempo avanzar tan rápido por nada. Por suerte, no en vano.
Los acontecimientos se suceden, y la emoción me embarga, sea positiva...o negativa.
Hace un mes que tengo contrato indefinido. Creo que lo había dicho en todas partes y a todo el mundo, excepto en mi blog. Bueno, en realidad llevo escribiendo sobre ello desde el post de mis pequeñas ambiciones, Madonna y yo, pero no de manera explícita. La mayoría de las veces me cuesta serlo(esto me da para otro post en días próximos).
Además, ya estoy matriculada en el Màster en Marketing i Comunicació que comienza en Noviembre. Al final me he decidido: es práctico y económico. Y no se trata de ese gran máster para el que todo el mundo me aconseja que espere. Les haré caso y esperaré. Pero mientras tanto todo mi ser me pedía hacer esto. Seguirme preparando y estudiar algo que, creo, me apasionará.
No acaban aquí los acontecimientos: tengo piso. No prácticamente, pero lo tengo.
J. y yo hemos llegado AL ACUERDO. El definitivo. Y a partir de Noviembre (gran mes) me meto en hipoteca. Al 50%.
Quizá máster+hipoteca sea demasiado para mí (a no ser que de ese contrato indefinido pasemos al aumento), pero tengo la gran suerte y seguridad de tener unos padres que me apoyan y respaldan, y pueden ayudarme en cuanto al máster se refiere.
Y para más inri, ya me he hecho con las entradas para el concierto de Depeche Mode: EL CONCIERTO (y es que el día va de mayúsculas). El 10 de febrero del 2006 ya tengo una cita. Vamos glue (me permitirás que me refiera a ti por tu nick, ya has entrado en esta esfera ;), C., J. y yo. Las entradas para Barcelona han salido hoy a la venta y ya estaban agotadas las principales. Vertiginoso (vale, quizá no tanto como U2, pero vertiginoso)
Lo único que oscurece ahora mismo mi vida son los últimos acontecimientos acaecidos en Londres, aunque tras saber que las personas cercanas que ahí se encuentran están bien (M. y Doblezero), me permitiréis que, a pesar de la consternación, desaliento y ahogo en la boca del estómago (pues quien mejor que nosotros para conocer lo que están pasando), lo vea todo desde cierta distancia. Me siento un poco a años luz de este planeta, y aunque las noticias han impactado mi burbuja, aún no la han conseguido hacer explotar.
Aunque lo hará en breve, lo presiento.
Sólo espero que la caída y vuelta a la Tierra no duela mucho.
Los acontecimientos se suceden, y la emoción me embarga, sea positiva...o negativa.
Hace un mes que tengo contrato indefinido. Creo que lo había dicho en todas partes y a todo el mundo, excepto en mi blog. Bueno, en realidad llevo escribiendo sobre ello desde el post de mis pequeñas ambiciones, Madonna y yo, pero no de manera explícita. La mayoría de las veces me cuesta serlo(esto me da para otro post en días próximos).
Además, ya estoy matriculada en el Màster en Marketing i Comunicació que comienza en Noviembre. Al final me he decidido: es práctico y económico. Y no se trata de ese gran máster para el que todo el mundo me aconseja que espere. Les haré caso y esperaré. Pero mientras tanto todo mi ser me pedía hacer esto. Seguirme preparando y estudiar algo que, creo, me apasionará.
No acaban aquí los acontecimientos: tengo piso. No prácticamente, pero lo tengo.
J. y yo hemos llegado AL ACUERDO. El definitivo. Y a partir de Noviembre (gran mes) me meto en hipoteca. Al 50%.
Quizá máster+hipoteca sea demasiado para mí (a no ser que de ese contrato indefinido pasemos al aumento), pero tengo la gran suerte y seguridad de tener unos padres que me apoyan y respaldan, y pueden ayudarme en cuanto al máster se refiere.
Y para más inri, ya me he hecho con las entradas para el concierto de Depeche Mode: EL CONCIERTO (y es que el día va de mayúsculas). El 10 de febrero del 2006 ya tengo una cita. Vamos glue (me permitirás que me refiera a ti por tu nick, ya has entrado en esta esfera ;), C., J. y yo. Las entradas para Barcelona han salido hoy a la venta y ya estaban agotadas las principales. Vertiginoso (vale, quizá no tanto como U2, pero vertiginoso)
Lo único que oscurece ahora mismo mi vida son los últimos acontecimientos acaecidos en Londres, aunque tras saber que las personas cercanas que ahí se encuentran están bien (M. y Doblezero), me permitiréis que, a pesar de la consternación, desaliento y ahogo en la boca del estómago (pues quien mejor que nosotros para conocer lo que están pasando), lo vea todo desde cierta distancia. Me siento un poco a años luz de este planeta, y aunque las noticias han impactado mi burbuja, aún no la han conseguido hacer explotar.
Aunque lo hará en breve, lo presiento.
Sólo espero que la caída y vuelta a la Tierra no duela mucho.
miércoles, julio 06, 2005
Atrapada en el tiempo, yo también
Los días pasan tan veloces que apenas me doy cuenta de ellos.
Flish flash flu Flish flash flu
Y una semana más.
Aún así, a veces su marcha se ralentiza y el tiempo queda congelado en un segundo. Las agujas se paran ante mis ojos y luchan contra la fuerza que las hace girar. Se vuelven pesadas e inamovibles.
Pero una vez superada la dificultad de ese segundo, vuelven a dispararse como si hubieran cogido carrerilla y el resto del día avanza a un ritmo frenético.
Cuando me doy cuenta ya vuelve a sonar el despertador. De nuevo olvidé llamar a esos cincuenta mil sitios que quería llamar y arreglar esos cuatro mil asuntos que debía arreglar.
Mañana lo haré, me digo.
Pero ya es mañana y el tiempo me vuelve a atrapar en su vertiginoso ritmo, sin hacer posible el zafarme de él.
Flish flash flu Flish flash flu
Escribo desde años luz, siento que aquí ya es futuro y los que me lean no podrán alcanzarme a menos que cojan carrerilla.
Flish flash flu Flish flash flu
Y una semana más.
Aún así, a veces su marcha se ralentiza y el tiempo queda congelado en un segundo. Las agujas se paran ante mis ojos y luchan contra la fuerza que las hace girar. Se vuelven pesadas e inamovibles.
Pero una vez superada la dificultad de ese segundo, vuelven a dispararse como si hubieran cogido carrerilla y el resto del día avanza a un ritmo frenético.
Cuando me doy cuenta ya vuelve a sonar el despertador. De nuevo olvidé llamar a esos cincuenta mil sitios que quería llamar y arreglar esos cuatro mil asuntos que debía arreglar.
Mañana lo haré, me digo.
Pero ya es mañana y el tiempo me vuelve a atrapar en su vertiginoso ritmo, sin hacer posible el zafarme de él.
Flish flash flu Flish flash flu
Escribo desde años luz, siento que aquí ya es futuro y los que me lean no podrán alcanzarme a menos que cojan carrerilla.
martes, julio 05, 2005
Viejos y presentes fantasmas
J. se ha venido a vivir conmigo.
Vamos a pasar la primera semi-prueba de fuego. Nos toca convivir juntos.
Aunque digo semi-prueba porque no es prueba del todo, ya que aunque durmamos juntos cada día, no llevamos la casa al 100%.
Ni siquiera llevamos las comidas al 100%.
J. sigue comiendo en su casa, cuando la mía está vacía. Y yo sigo comiendo cualquier cosa, aventurándome poco a poco, eso sí, en los entresijos de la cocina, ésa gran desconocida.
En realidad, más que una prueba de fuego para ambos...la prueba es para mí.
Desde niña, quise ser tan independiente y mujer del s.XX, que me negué en redondo a asumir cualquier tipo de tarea doméstica, supongo que atribuyéndolas a la esclavitud de la vida en el hogar y al papel del ama de casa que yo jamás quise hacer.
Aunque tarde, me he dado cuenta de que las cosas no son tan así. Pero me sigue costando deshacerme de esa imagen que tengo de los quehaceres cotidianos. Y a pesar de que cuando estamos solos en su apartamento, J. hace bastante más que yo, yo sigo mirándolo recelosa cada vez que me toca contribuir en algo.
No es que no quiera hacerlo, sino que no logro quitarme esa asociación de ideas de la cabeza y me importunan continuamente.
Supongo que me he convertido en la antítesis de la mujer de los años 50, y el otro extremo tampoco debe ser bueno.
Muchas chicas (y chicos) de mi edad se extrañan de mi conducta. Ellas limpian, cocinan y planchan desde hace años, algunas desde siempre. Y yo justo comienzo...y tan sólo lo hago de vez en cuando.
Noto sus miradas reprobadoras y sus ceños fruncidos cuando explico mi situación.
No las culpo. Deben tener razón. LA RAZÓN me lo susurra al oído.
Y junto a esa certeza, lucho contra el resto de mi ser, que me lo niega y gana en tozudez.
Pero insisto, que no es vagancia (y mira que con ésta me veo las caras cada día), que son prejuicios.
Por eso ésta es para mí una prueba, una prueba de superación de mis viejos y presentes fantasmas.
Vamos a ello.
Vamos a pasar la primera semi-prueba de fuego. Nos toca convivir juntos.
Aunque digo semi-prueba porque no es prueba del todo, ya que aunque durmamos juntos cada día, no llevamos la casa al 100%.
Ni siquiera llevamos las comidas al 100%.
J. sigue comiendo en su casa, cuando la mía está vacía. Y yo sigo comiendo cualquier cosa, aventurándome poco a poco, eso sí, en los entresijos de la cocina, ésa gran desconocida.
En realidad, más que una prueba de fuego para ambos...la prueba es para mí.
Desde niña, quise ser tan independiente y mujer del s.XX, que me negué en redondo a asumir cualquier tipo de tarea doméstica, supongo que atribuyéndolas a la esclavitud de la vida en el hogar y al papel del ama de casa que yo jamás quise hacer.
Aunque tarde, me he dado cuenta de que las cosas no son tan así. Pero me sigue costando deshacerme de esa imagen que tengo de los quehaceres cotidianos. Y a pesar de que cuando estamos solos en su apartamento, J. hace bastante más que yo, yo sigo mirándolo recelosa cada vez que me toca contribuir en algo.
No es que no quiera hacerlo, sino que no logro quitarme esa asociación de ideas de la cabeza y me importunan continuamente.
Supongo que me he convertido en la antítesis de la mujer de los años 50, y el otro extremo tampoco debe ser bueno.
Muchas chicas (y chicos) de mi edad se extrañan de mi conducta. Ellas limpian, cocinan y planchan desde hace años, algunas desde siempre. Y yo justo comienzo...y tan sólo lo hago de vez en cuando.
Noto sus miradas reprobadoras y sus ceños fruncidos cuando explico mi situación.
No las culpo. Deben tener razón. LA RAZÓN me lo susurra al oído.
Y junto a esa certeza, lucho contra el resto de mi ser, que me lo niega y gana en tozudez.
Pero insisto, que no es vagancia (y mira que con ésta me veo las caras cada día), que son prejuicios.
Por eso ésta es para mí una prueba, una prueba de superación de mis viejos y presentes fantasmas.
Vamos a ello.
viernes, julio 01, 2005
Sólo puedo darte
Puede que tú esperes
algo más, un beso
de esos que nos vuelven
inmortales, invencibles, casi imbéciles.
Te buscaré en el mapa,
te he señalado en rojo
brújulas en los ojos
para volver a verte.
Te buscaré en el agua
junto a los peces globo
me muero si te toco,
me muero si te toco.
Te miraré un buen rato
hasta entenderlo todo,
todo lo que yo siento
se perderá en el tiempo…
Deja que te mire,
sólo puedo darte
ésto una mirada
larga, larga, larga.
Puede que tú esperes
algo más, un beso
de esos que nos vuelven
inmortales, invencibles, casi imbéciles.
PEZ GLOBO
Nosoträsh
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