Fue una noche llena de reproches. La que prometía ser la velada perfecta, acabó siendo una letanía de quejidos y conmiseración. Quizá porque ya estaban hastiados. Del otro, de su relación, hasta de ellos mismos.
Todo comenzó con frases sin importancia, hasta que el alcohol les soltó la lengua y comenzaron los ataques entre visillos. Disimulados. Palabras aceradas que se zafaban tras la piel del cordero. Y hacían blanco.
9 años atrás ese mismo paisaje, esa misma terraza.. había sido testigo de las lágrimas de amor derramadas por ambos; que veían separarse sus caminos durante la eternidad de un mes. La misma música de fondo. Casi, casi, la misma gente...
Y hoy, 9 años después, eran capaces de recordar aquel momento sin pesadumbre, sin encogimiento y sin emoción. Eran capaces de malbaratar ese recuerdo, pisoteándolo con palabras lacerantes contra el contrario. Habían pasado de ser semejantes, a enemigos, y no tenían ni idea de cómo había ocurrido.
Por supuesto, éso no les impedía desearse, aún más que el primer día. Pues si el deseo del novato es más dulce y pausado, el del experimentado es voraz y ardiente; y acabaron entre las sábanas de la enorme cama. Mordiendo, añarando, penetrando, gimiendo.
Todo había cambiado.¿Había culpables?