Intenso como un abrazo de despedida. Como una trufa.
Estos días siento intensamente y el corazón se sobrecoge.
Intenso como mis declaraciones secretas o el seguro tono de esas canciones; y de tan intenso, se escapan agujas por el estómago y todo lo que no viví parece haber sido vivido.
Vuelve a haber carabana, pero yo ya estoy en casa, diciéndote lo que nunca te dije.
Aunque tú estés en otra parte y yo atrapada en la autopista, en esta otra realidad alternativa.
lunes, noviembre 14, 2005
sábado, noviembre 12, 2005
Retazo
Se acerca el fin de un nuevo cuaderno, en el que he vuelto a retratar pequeños universos existenciales quue pregonan tanto la realidad como la irrealidad del ser.
Por supuesto no estoy satisfecho de esta etapa que abandono para dar comienzo a otra desde un diferente punto de partida acaso más realista y maduro.
Escribir en soledad con el simple objetivo de encontrarme con una imagen mía en el exterior para constatar las limitaciones, sueños o pasiones que me embargan en un momento dado. Lo encuentro necesario y positivo. Todo hombre debería encontrarse consigo mismo en el exterior o lo que es lo mismo, con una obra suya.
El ocio vacuo es el mal de nuestra sociedad actual, el tiempo libre se despilfarra en absurdos, nadie puede buscar la verdad, embarcado en naves hundidas en el fango de la insensibilidad, por ello trato de construir una pequeña balsa que me lleve a uan isla fértil dónde el sol me acaricie sin obstáculos.
Un bloc cubierto de signos se asemeja a un año perdido en el tiempo. La vida tiende a abarcar la eternidad y si no puede intenta abrazarla, así los sueños dan aliento a la desazón y el cansancio por la aparente cortina que nos envuelve.
Dar cauce a nuestro pensamiento es indispensable para nuestra salud intelectual, dejar brotar las ideas hasta completar un todo harmonioso que seduzca los sentidos hasta la obtención de un climax existencial.
Alcanza el navegante la costa tras un largo y dificultoso periplo por lejanas tierras. Aún no sonríe pues no está seguro de tocar tierra. Se siente obligado pero toda obligación le aterra, surge de él un torbellino rebelde que le agita y abate contra los fríos muros de la limitación.
Siempre la lucha, la eterna evolución hacia la perfección.
Hace demasiados años desde que estas palabras fueron escritas y sin embargo pocas cosas han cambiado. Podría suscribir cada una de ellas, excepto el hecho de que yo me siento optimista y orgullosa de mis etapas, aunque no haya logrado todo lo propuesto. Excepto en la sonrisa del navegante, que yo sí dibujaría a pesar de la duda.
En realidad odio el sonido acaramelizado de todas estas frases de esperanza que prodigo, pero es lo que realmente siento en estas circunstancias, y si he de decir lo que realmente pienso, tendrá que saber a empalagoso caramelo, mal que me pese.
Me da miedo el verme reflejada en casi cada palabra ya escrita por otros. Y me pregunto si la genética no determina muchísimo más de lo que creemos (aunque ya creamos que determina mucho).
Ambos buscando la perfección, lo que él llama el clímax existencial. Me pregunto si, a día de hoy, todo eso ya lo ha olvidado. O si simplemente ha sustituido la forma de llegar a ello. La escritura por las montañas.
¿Le estará dando resultados?
O simplemente quizá ya no sienta la necesidad de esa búsqueda y por ello la haya abandonado. O no. No lo haya hecho. ¿La habrá obtenido?¿Lo habrá dado por imposible?¿Se habrá vuelto ser sin acuaciantes preguntas rugiéndole en el estómago hasta casi voverse loco?
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Por supuesto no estoy satisfecho de esta etapa que abandono para dar comienzo a otra desde un diferente punto de partida acaso más realista y maduro.
Escribir en soledad con el simple objetivo de encontrarme con una imagen mía en el exterior para constatar las limitaciones, sueños o pasiones que me embargan en un momento dado. Lo encuentro necesario y positivo. Todo hombre debería encontrarse consigo mismo en el exterior o lo que es lo mismo, con una obra suya.
El ocio vacuo es el mal de nuestra sociedad actual, el tiempo libre se despilfarra en absurdos, nadie puede buscar la verdad, embarcado en naves hundidas en el fango de la insensibilidad, por ello trato de construir una pequeña balsa que me lleve a uan isla fértil dónde el sol me acaricie sin obstáculos.
Un bloc cubierto de signos se asemeja a un año perdido en el tiempo. La vida tiende a abarcar la eternidad y si no puede intenta abrazarla, así los sueños dan aliento a la desazón y el cansancio por la aparente cortina que nos envuelve.
Dar cauce a nuestro pensamiento es indispensable para nuestra salud intelectual, dejar brotar las ideas hasta completar un todo harmonioso que seduzca los sentidos hasta la obtención de un climax existencial.
Alcanza el navegante la costa tras un largo y dificultoso periplo por lejanas tierras. Aún no sonríe pues no está seguro de tocar tierra. Se siente obligado pero toda obligación le aterra, surge de él un torbellino rebelde que le agita y abate contra los fríos muros de la limitación.
Siempre la lucha, la eterna evolución hacia la perfección.
Hace demasiados años desde que estas palabras fueron escritas y sin embargo pocas cosas han cambiado. Podría suscribir cada una de ellas, excepto el hecho de que yo me siento optimista y orgullosa de mis etapas, aunque no haya logrado todo lo propuesto. Excepto en la sonrisa del navegante, que yo sí dibujaría a pesar de la duda.
En realidad odio el sonido acaramelizado de todas estas frases de esperanza que prodigo, pero es lo que realmente siento en estas circunstancias, y si he de decir lo que realmente pienso, tendrá que saber a empalagoso caramelo, mal que me pese.
Me da miedo el verme reflejada en casi cada palabra ya escrita por otros. Y me pregunto si la genética no determina muchísimo más de lo que creemos (aunque ya creamos que determina mucho).
Ambos buscando la perfección, lo que él llama el clímax existencial. Me pregunto si, a día de hoy, todo eso ya lo ha olvidado. O si simplemente ha sustituido la forma de llegar a ello. La escritura por las montañas.
¿Le estará dando resultados?
O simplemente quizá ya no sienta la necesidad de esa búsqueda y por ello la haya abandonado. O no. No lo haya hecho. ¿La habrá obtenido?¿Lo habrá dado por imposible?¿Se habrá vuelto ser sin acuaciantes preguntas rugiéndole en el estómago hasta casi voverse loco?
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viernes, noviembre 11, 2005
Presentación: mi furia
Llego a mi destino y llueve a cántaros.
Un mal día para ponerme los zapatos de tacón de más de 5 cm y suelas resbaladizas ante cualquier superficie húmeda.
Yo, con mi bolsa al hombro llena de gruesas revistas de decoración, el pesado bolso de asa corta con el infinito último libro de Harry Potter en su interior (más las llaves, más la crema de manos, más la palm, más el maquillaje, más el móvil..), y otra tremenda bolsa (en la misma que sostiene el bolso) que contiene las últimas botas compradas y que me acaban de cambiar (qué oportuna soy, ir a recogerlas hoy)
Todo eso, más el endeble paraguas.. que tiembla a cada paso. Y 15 minutos de trayecto cuesta abajo y sin frenos ante mí. Intentando no resbalar, no caer, aguantar el peso, y no mojarme.
De aquí al circo.
Y sale un inmigrante de un portal, con su turbante en la cabeza y alfombra al hombro, y no se le ocurre otra cosa que preguntarme si, señorita, quiero comprar alfombra.
¡Comprar una alfombra!
!!!!!¿Tú eres gilipollas o qué?¿Acaso me ves con cara de querer comprar una alfombra, o en situación de poder pararme siquiera a plantearme comprar una? Joder, capullo!!!!
Por supuesto, no dije nada. Pero catorce mil maldiciones pasaron por mi mente.
Más adelante, tras casi 5 resbalones y caídas en picado, un crío me pide tabaco.
Con mi mejor sonrisa, digo la verdad: no tengo.
Me da las gracias y me guiña un ojo (???)
Otro. Primero: ojalá prohiban fumar hasta en la puñetera calle!!
Segundo: Incluso si tuviera tabaco, ¿se creía que iba a cerrar mi paraguas, posar mis trastos, y perder un sólo minuto buscando en el bolso un cigarro que iba a quedar empapado a la primera bocanada de aire que le tocara?
De verdad, hay días en que me siento más cerca que nunca de la estupidez humana. Y hoy es uno de ellos.
Un mal día para ponerme los zapatos de tacón de más de 5 cm y suelas resbaladizas ante cualquier superficie húmeda.
Yo, con mi bolsa al hombro llena de gruesas revistas de decoración, el pesado bolso de asa corta con el infinito último libro de Harry Potter en su interior (más las llaves, más la crema de manos, más la palm, más el maquillaje, más el móvil..), y otra tremenda bolsa (en la misma que sostiene el bolso) que contiene las últimas botas compradas y que me acaban de cambiar (qué oportuna soy, ir a recogerlas hoy)
Todo eso, más el endeble paraguas.. que tiembla a cada paso. Y 15 minutos de trayecto cuesta abajo y sin frenos ante mí. Intentando no resbalar, no caer, aguantar el peso, y no mojarme.
De aquí al circo.
Y sale un inmigrante de un portal, con su turbante en la cabeza y alfombra al hombro, y no se le ocurre otra cosa que preguntarme si, señorita, quiero comprar alfombra.
¡Comprar una alfombra!
!!!!!¿Tú eres gilipollas o qué?¿Acaso me ves con cara de querer comprar una alfombra, o en situación de poder pararme siquiera a plantearme comprar una? Joder, capullo!!!!
Por supuesto, no dije nada. Pero catorce mil maldiciones pasaron por mi mente.
Más adelante, tras casi 5 resbalones y caídas en picado, un crío me pide tabaco.
Con mi mejor sonrisa, digo la verdad: no tengo.
Me da las gracias y me guiña un ojo (???)
Otro. Primero: ojalá prohiban fumar hasta en la puñetera calle!!
Segundo: Incluso si tuviera tabaco, ¿se creía que iba a cerrar mi paraguas, posar mis trastos, y perder un sólo minuto buscando en el bolso un cigarro que iba a quedar empapado a la primera bocanada de aire que le tocara?
De verdad, hay días en que me siento más cerca que nunca de la estupidez humana. Y hoy es uno de ellos.
Relatos
En la clase de inglés hablamos de relaciones. Aunque yo más bien escucho, porque en este tipo de conversaciones, nunca sé que decir.
Hay tan diversos tipos de relaciones, como de personas. Y sin embargo, me da la impresión de que en el fondo todos buscamos lo mismo. Quizá el completarnos a través del otro. El aportarnos lo que nosotros mismos no podemos darnos. El ofrecer lo que sentimos en necesidad de dar.
Y nuestro modo de ver la vida y de entender las relaciones está tanto marcado por ellas, como es el factor que las determina.
Relaciones largas que rompen, y dejan a la persona sumida en una desorientación general, sin saber que hacer de ahora en adelante. Solos ante el desaliento. O que intentan seguir, encontrar nuevas relaciones en las que acoplar pero que no acaban de ser la horma de su zapato; porque a ciertas edades, y con experiencia a la espaldas, nos volvemos más acomodaticios y quizá, arriesgamos menos.
Relaciones que ahogan, que se establecen por compromisos, que firman convenios invisibles y que jamás se cuestionan. A montones. Llenas de desacuerdos silenciosos. Convivida con la filosofía de las apariencias.
Relaciones acordadamente transgresoras, sin ajustarse al modelo arquetípico marcado por la sociedad. O relaciones cómodas, sin deberes ni obligaciones, que sólo buscan las ventajas del compartir, pero nunca las responsabilidades.
Maduras e inmaduras. Primerizas y experimentadas. Sórdidas, joviales. Enriquecedoras e incluso vanales.
Entregadas, sufridas, esperadas en silencio. Y todos nosotros esperando y otorgando algo a los demás. Una y otra vez. En un ciclo infinito. Vital.
Flujos, amor, risas y sueños. Todo en uno. Junto y por separado. Bucles infinitos.
Cruzamos nuestros pasos, y apenas nos damos cuenta de lo que estamos realmente haciendo.
Hay tan diversos tipos de relaciones, como de personas. Y sin embargo, me da la impresión de que en el fondo todos buscamos lo mismo. Quizá el completarnos a través del otro. El aportarnos lo que nosotros mismos no podemos darnos. El ofrecer lo que sentimos en necesidad de dar.
Y nuestro modo de ver la vida y de entender las relaciones está tanto marcado por ellas, como es el factor que las determina.
Relaciones largas que rompen, y dejan a la persona sumida en una desorientación general, sin saber que hacer de ahora en adelante. Solos ante el desaliento. O que intentan seguir, encontrar nuevas relaciones en las que acoplar pero que no acaban de ser la horma de su zapato; porque a ciertas edades, y con experiencia a la espaldas, nos volvemos más acomodaticios y quizá, arriesgamos menos.
Relaciones que ahogan, que se establecen por compromisos, que firman convenios invisibles y que jamás se cuestionan. A montones. Llenas de desacuerdos silenciosos. Convivida con la filosofía de las apariencias.
Relaciones acordadamente transgresoras, sin ajustarse al modelo arquetípico marcado por la sociedad. O relaciones cómodas, sin deberes ni obligaciones, que sólo buscan las ventajas del compartir, pero nunca las responsabilidades.
Maduras e inmaduras. Primerizas y experimentadas. Sórdidas, joviales. Enriquecedoras e incluso vanales.
Entregadas, sufridas, esperadas en silencio. Y todos nosotros esperando y otorgando algo a los demás. Una y otra vez. En un ciclo infinito. Vital.
Flujos, amor, risas y sueños. Todo en uno. Junto y por separado. Bucles infinitos.
Cruzamos nuestros pasos, y apenas nos damos cuenta de lo que estamos realmente haciendo.
miércoles, noviembre 09, 2005
El mundo gira
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El mundo vuelve a girar a mi alrededor. Aunque quizá nunca dejó de hacerlo. Pero de momento, las piezas del cubo se han desalineado, y buscan nuevas posiciones. Hay que reacomodarse, ajustar cada engranaje a su nuevo asiento.En el trabajo ya ha comenzado Lara, la nueva assistant (que no nueva en la empresa), y, al igual que a Claudia, la chica que hace prácticas por las mañanas, me encargo de explicarle poco a poco como funciona todo, y en qué consistirá su trabajo.
Es difícil explicar las cosas que hacemos ya automáticamente a los demás. Y también se aprende de ello. Le explico, y le doy tareas que le den tiempo a asimilarlo mediante la práctica. No son tareas difíciles, pero sé que le viene todo nuevo y cualquiera necesita un tiempo para hacerse con ello. Al mismo tiempo, estoy delegando antiguas tareas que antes realizaba yo y ellas van "heredando" (y confieso que en algunos casos es un auténtico desahogo), mientras que yo me aboco cada vez más a nuevos proyectos (ya hablé de mi primera campaña nacional)
Aunque sigo en transición, supervisando mis antiguas responsabilidades, aprendiendo las nuevas..A caballo entre dos roles.
Es gratificante el ver como no pierdo el tiempo, sino que voy evolucionando y aprendiendo cada vez más. Sobretodo porque todo lo que aprendo, me gusta.
Y tenemos nuevo cliente en la agencia (este año el viaje será a Jamaica por lo menos! jaja). Nuevo gigante cliente. Con miles de submarcas que aportarán un amplio campo para experimentar, trabajar, y aprender.
La esperada noticia llegó como un fogonazo y todos estamos muy contentos con ello, aunque sabemos (sobretodo los que llevan más años en la agencia) que en el futuro esto no significará más que más trabajo (y no por ello mayores niveles de sueldo). Pero es genial. Porque aporta mayor variedad a tu trabajo y un campo mucho más amplio del que aprenderemos muchísimo más. Significará mayor experiencia, lo que incluye tanto disgustos, como infinitas alegrías.
Ya ha comenzado el máster. Poquito a poco. Lento pero seguro. Estoy a la expectativa, pues no se trata sólo del primer curso de formación de postgrado que realizo, sino mi primer curso..¡a distancia! O virtual, porque no debe ser lo mismo.
Parece bastante interactivo y dinámico, además de interesante por la novedad de las herramientas que se utilizan. Lo cierto es que ya estaba impaciente,y, aunque me supone un gasto que junto con el siguiente que viene estará a punto de superarme, me muero de ganas de comenzar y estudiar de nuevo (Que ya lo echaba de menos).Suelo hacer tantos castillos en el aire..que en el momento en que uno de ellos se materializa, tengo que convencerme para reconocer que es real, que ha dejado de ser un sueño.
Y el domingo vamos a ver nuestro piso. Por fin. Después de ¿2 años? de espera. Nuestro 4º4ª con parqué, piscina, parking, videoportero..y todo incluido. Excepto los muebles. Que serán el siguiente objetivo a asumir (y obstáculo a salvar, me
temo).El día 5 J. y yo firmamos. No tengo ni idea del qué, porque reconozco que a mí todo este papeleo y números me aburren sobremanera, así que lo dejé todo en sus manos.
Pero iremos, echaremos unas cuantas miles de firmas (a nuestra condena casi perpetua con el banco también, sí) y a cambio, nos entregarán unas llaves con un piso vacío.
Vacío de materia pero lleno de ilusiones. A rebosar. Lleno de ganas, de saltos de alegría, de besos a oscuras y gritos de entusiasmo.
Lleno de proyectos.
martes, noviembre 08, 2005
En tránsito
De nuevo este inmenso frío. Inmenso inmenso inmenso. Hasta desgastar la palabra (pero nunca lo hará). Hasta que, como ella, sea sin sentido.
Y a pesar de todo, mi peor recuerdo está marcado por su contrario.
Tenía un sabor salado, aunque quizá se tratara del sabor de mis lágrimas, que ahora se confunden con el calor de la piel de mis recuerdos.
Y siempre, de telón de fondo, una casa semi vacía. En tránsito. Como todas.
Todas mis casas en tránsito. Como la vida.
Era omnipresente: la bola de fuego, el dios arrogante que me alejaba de mi mundo.
Llorando.
El peor de todos.
Con él llegaron jergas extrañas y comportamientos incoherentes. A modo de disculpa, la excusa infinita del futuro. Y tu ahí, a tu pesar, deseando acariciar el frío con la punta de los dedos; olvidar ese sabor salado.
Sin embargo ahora, después de tantos años, sólo esperas no volver a sentir frío jamás, y pones como excusa ese mismo futuro; por fin tuyo.
De todo lo demás, sólo resta tu peor recuerdo.
lunes, noviembre 07, 2005
Rumbo

Lida salió de la ducha.
Su cuerpo apareció entre el vaho. El negro pelo rodeando su pálido rostro; los enormes ojos ardiendo en una furiosa mirada.
Miró al frente, con el ceño fruncido, confusa, y vió su reflejo en el espejo. Similar a un extraño ser dibujado entre la niebla, proveniente de mundos lejanos.
Pero, un momento.¿Acaso no era así como se sentía?. ¿Qué hora era?
Presurosa, asió el reloj que reposaba en el mármol, empañado. No lo podía creer.
¡Habían pasado 8 horas desde que se metiera en la bañera! ¿Cómo era posible?.
Pero sí. Le latía el corazón apresuradamente y tenía esa extraña sensación.
La sensación de haber luchado, conocido mundo, de haber amado...
Un sabor a miel en sus labios. Se los palpó, y aún parecían guardar el sabor de un beso.
Un beso...¿de quién?
Pasó ante sus ojos la imagen de un guerrero: de pelo azabache, ojos negros, alto. Que luchaba con furia contra lo que parecía..¡un demonio!
La mirada del guerrero la traspasó. La partió en dos. Un nombre escapó de sus labios: ailor ailor ailor...
¿Era ése su nombre?¿Por qué sentía una punzada de dolor al nombrarlo?
El dolor la atenazó, aguijoneando su hombro. Le ardía la espalda, justo a esa altura.
Giró su mirada, inspeccionándose, y lo vió: un tatuaje con un extraño símbolo, similar a un sol.
El mismo que había visto cientos de veces en sus sueños. El mismo que su madre, ida, garabateaba sin cesar en el centro de enfermos.
Y entonces lo recordó todo: la bruma, los bosques, el castillo, la angustia... El descubrimiento de otra realidad. A Ailor, y su misión: encontrar su paradero.
Su confusa mirada pasó a ser segura y fría; un destello de ira la recorrió, y su mano volvió a acariciar aquel símbolo con el que habían tatuado su destino.
Sonrió maliciosamente, pues su orgullo jamás lo aceptaría. Ahora lo sabía: había vuelto sólo para vengarse.
Su puño crispado se relajó, y, resueltamente, Lida alcanzó el albornoz que colgaba de la percha. Aquella calidez la reconfortó.
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PD: Texto respondiendo al post de Pirri (de quien es el dibujo. Qué bien lo haces, ¡y qué envidia!) sobre Miradas..Al final no he escrito una historia, tan sólo un inicio, o un fragmento. Pero es que me pides imposibles: hace años que tengo peleas con las historias completas.
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