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sábado, julio 22, 2006

querer, es, poder


Puedo parecer una hipócrita cualquiera, pues mi pensamiento y mis actos rara vez parecen converger (¡cuántas veces compadezco las desgracias ajenas sentada desde el diván y he renegado de aquello que, por tal o cual, resulta ser mi bandera!)
Pero no se trata de hipocresía, pues digo lo que pienso y siento, aunque luego nunca dé el siguiente paso (Me quedo en la comodidad del mirador y la teoría, y mis prioridades abandonan el punto de mira puesto en los demás y lo vuelcan en mi ombligo.)
Por eso, simplemente, ante problemas ajenos e incluso propios, suelo expulsar el puñal que desgarra el estómago en forma de reflexión..y a otra cosa (flaco favor ofrecen los blogs a ésto).
En el fondo, se trata de un problema de pasividad, de no proactividad. En general, para todos los objetivos que van surgiendo.
Tengo la tonta impresión de que con quererlo basta, aunque sepa que no es así.
Es un acto reflejo natural que repito incesantemente: quiero que los jóvenes luchen (como si yo misma no fuera una de ellos), así que lo digo en voz alta... y ya está. Quiero lograr metas, y por quererlo creo que vendrán solas. Quiero placer, y el imaginario cree que se le procura gracias al simple deseo...
Quiero ésto, quiero aquello, lo otro, quiero, quiero, quiero, ¡quiero! ¡QUIERO!.
Maldita palabra con tamaño sentido en mi boca.