Allí estaban ellos. Con sus camisetas de Superman azul intenso, su bote de Coca-Cola y las palomitas saladas (que no falten). Los apodados frikis por tener como mito un héroe de ficción y hacer ostentación de ello. Allí estaban. Los etiquetados por vivir algo con pasión intensa en un mundo en el que todo es des-, light o sin. ¿La película?. Bien. Mal, gracias. ¿Qué importa una película ante la pasión por un mito? Baste con que la alimente.