Mostrando entradas con la etiqueta Calor. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Calor. Mostrar todas las entradas

viernes, julio 28, 2006

Tragando polvo

Asqueada de la gran ciudad. De las rebajas, el tráfico intenso y las obras en Diagonal. De coger autobuses y esperar en paradas. Harta de madrugones y de las hojas de excel. De Power Points, propuestas, valoraciones...Cansada de la deformación profesional que hace que me fije en cada oppi, doble página, muestras de la prensa gratuita, encartes, traseras interales y morphings.
De no ver más que la competencia y las novedades producto de tendencias sociales en el lineal. Ahogada del calor sofocante y el humo de tubos de escape.
La casa, deshabitada, es jaula que simula libertad. El espacio es cada vez más finito (que la infinitud es una ilusión). Que noto ya el agua que escasea y los placeres que aturden.
Necesito vacaciones.
Aún más esparcimiento. No madrugones. No trabajos. No deberes ni análisis de la situación.

Mañana. Oh el mañana! En el mañana me planto y tomo un leve respiro de 3 semanas. Me pelearé por el mismo aire con cientos de personas que buscarán lo mismo que yo. Me da igual. Es un alto compartido, pero alto al fin y al cabo.
Y a quien diga "haz", le muerdo.


Powered by Castpost

jueves, junio 29, 2006

Instigar

Me fuerzo a levantarme día sí día también, intentando ser un resorte. Hay días en que lo consigo a la perfección y otros...no tanto. Pero lo voy consiguiendo, cada rutinario día. El cambio de horario no afecta a mi incomodidad, que sigue siendo la misma. O mayor.
Animal de día, mi actividad sólo aparece ante el libre albedrío, y huye al caer la noche.
Mis ojos hinchados, mis muslos pesados a causa del horrible calor (temperatura de más de 30 grados) a la que me somete este ático despiadado. Esta habitación caótica que enmaraña mi cabeza y absorbe mi libertad.

Como el pesado objeto de hierro que se hunde en el mar sin remedio, así se siente mi cuerpo ante cada paso, ante cada compromiso.

Veo a las jóvenes madres (aquello que una vez fue la mía) con sus retoños. A las abuelas sin la tersura. Y nos asemejo al material maleable que, aún sin forma, es tan bello al principio, dejando abierta la incógnita de su porvenir. Su naturaleza y las circunstancias hacen que coja poco a poco forma para, finalmente, ser del todo barro seco forjado. Barro duro como la roca pero cada vez más agrietado, incapaz de volver a moldearse ante el incesante fluir.

Veo a las jóvenes madres con sus retoños, a aquello que fue una vez la mía y a aquello que fui una vez yo. Y yo, que ya estoy más cerca de ellas que de los niños, no me hago a la idea de haber traspasado la frontera. Quizá porque nunca he dejado de sentirme niña. Quizá porque toda mi adolescencia fue pura pose, y mi juventud llegó inducida.

technorati tags:, , , ,

Blogged with Flock