viernes, diciembre 07, 2007
Inicio
Juega en él y, en este momento de su vida, en esos 50m2 de suelo gira su vida y se encuentra su todo.
Divertida, juega guiada por su compañero de viaje. Se acerca a una puerta y alza la vista: sus padres, las dos personas referencia de su mundo (antes incluso que el terreno que pisa) están tumbados en la cama en ropa interior. Uno encima del otro, riendo y compartiendo carantoñas. El lacio y dorado cabello de su madre (y que ella ha heredado) cae sobre la tez de su padre. Moreno, barbudo, robusto. Diríase que día y noche fundidos en un abrazo.
Al fondo, la TV. Esa grande y cuadrada pantalla que tanto llama la atención de la niña y que es quizá su tercer elemento más recurrido.
Sus padres la miran, sonríen y la instan a salir de la habitación. Justo en ese momento siente cierto embarazo ante la situación, aún sin saber por qué, y gira su trayectoria.
El estrecho pasillo se abre ante ella. Se levanta y camina con paso torpe.
Pasa de largo la cocina que se encuentra a su derecha sin prestarle la más mínima atención, aunque intuye sus muebles azules y la mesa (justo un palmo más alta que ella) bajo la que se refugia incontables veces, situada contra la pared.
Sigue recto, siguiendo en penumbras el pasillo hasta su fondo. Un camino recto sin pérdidas. Y de repente: luz y risas. Una nueva puerta abierta a mano derecha, y Auri y Manolo, los amigos que comparten pensión con sus padres, tras ella.
También ambos se encuentran relajados sobre la cama, aunque vestidos y sentados; con animosa charla entre ellos.
Ven a la niña que entra, y sonríen.
- Ven Lucía - le dicen hacíéndole señas para entrar - Prueba esto-.
Y alargándole la mano, Manolo le ofrece una chocolatina.
Lucía nunca había visto nada parecido. Se pregunta qué será y su curiosidad y sus anteriores buenas experiencias organolépticas hacen que se lleve el alimento a la boca sin titubeos.
De repente, una explosión de sabor descarrila en su boca. La chocolatina se deshace en ella y siente su suave textura. Ni dulce ni amargo, su sabor hace que todo su ser se concentre en un único sentido, concentrado en sus papilas gustativas (aunque ella sólo sienta llenársele la boca de felicidad). Sus ojos se abren y el mundo se paraliza.
Aún cuando la onza ya ha desaparecido, el sabor permanece y Lucía se relame.
El suelo, sus padres, el sentimiento de embarazo ante la intimidad en la pareja, la TV, el chocolate...
Sus primeras referencias, sus primeros recuerdos...el inicio de sus primeras obsesiones.
martes, noviembre 20, 2007
Roxy y Buzzparadise
Ha sido una grata sorpresa (a pesar de que ha tardado un poquito en llegar, pero más vale tarde que nunca) el recibir un pack completísimo de perfume (100ml), gel, crema de cuerpo + neceseres.
Y aún más grata al comprobar que el perfume en sí me gustaba (no nos engañemos, es común el evento en el que te regalan la colonia que arrinconarás al final de la estantería durante el resto del año.

El perfume parece haber sido creado por Antonie Maisondieu (de la casa Givaudan), quien describe su creación de ésta forma :
“Para darle a la escencia un toque único, tu ritmo olfativo dinámico y potenciar todas las facetas de la actitud Roxy, lo primero fue salpicarla con cáscaras de frutas cítricas y bayas aterciopeladas, para resaltar su energía y su carácter juguetón. Después añadí magnolia, lirios del valle y violetas porque son flores alegres con escencias muy luminosas. Para terminar, escogí un toque de almizcle y un magnífico ylang ylang orgánico que, unidos a la riqueza tropical de la flor de plumeria, iluminan el conjunto en una armonía de ámbar salado.”
Vaya, que leyéndole parece que me haya adentrado de nuevo en la novela de El Perfume. Realmente..al igual que cursos de catas de vino, ¿habrá cursos de realización de perfumes? Igual descubro un talento oculto :P
Pues nada, simplemente agradecer el detalle a Buzzparadise y lanzar la idea de un nuevo regalo incluso de cara a Navidad, que El Corte Inglés ya nos está metiendo prisa ;).

sábado, noviembre 03, 2007
Lula dice
Tan sólo una vez en su vida se portó de manera irresponsable, se permitió un descanso de conciencia, moral o juicio; y se dejó arrastrar a un abismo que desconocía.
Verano del 2001. Vacaciones en la ciudad natal. Visita a la familia.
Le une un amor filial tan sumamente intenso a su primo; un año menor que ella y de naturaleza loca, homosexual e ingenua; que confía plenamente en su buen juicio y le permite casi todo, creyendo que cada una de las locuras que puede acometer no son más que una fase que le ayudará a convertirse en la gran persona que sin duda será.
Como decíamos…Verano del 2001. Calor. Fiestas de estío. Reunión con viejos amigos y un objetivo común: comerse la noche, la mañana y el mundo. Para lo que cuentan con tantos aliados que lo ven al abasto de sus manos. Comienza la noche del sábado.
Discoteca 1: Reencuentro con conocidos. Todo el mundo parece nervioso, a la espera de algo. Los conocidos se reencuentran. Bromean, ríen, estrechan manos, y comienzan los negocios. Lula, en la retaguardia, lo observa todo.
Las primeras botellas de agua son la también primera evidencia de lo que conlleva el divertimento de esa noche.
Es una estrella. Pruébala, va. No hace casi nada, no pasa nada.
Así que Lula se encomienda al buen juicio de su primo y toma su primera pastilla de diseño. Una estrella que no sabe a qué paraíso la llevará. El pájaro enjaulado que hasta entonces ha sido…pugna por salir. Todo por la razón de experimentar. De formar parte de la sensación común.
Primero tomaremos media. Luego...una entera.
Si la mezclas con alcohol hace más efecto.
Todo el mundo es feliz, orgulloso, y vacila de ello. Lula se lo come todo con los ojos (y el mundo, ya llegará)
Fin de la Discoteca 1: Físicamente agotados (pero psíquicamente estimulados) el grupo de amigos se retira un par de horas al hogar del primo. Lula entre ellos.
Entre risas, conversaciones intrascendentes y cambios de ropa; rayas de speed desaparecen de la mesa del comedor. De nuevo, Lula entre ellos.
La primera fue como cuando se le metía agua por la nariz buceando en la piscina; o cuando la ahogaban sus amigos bromeando. La segunda fue más fácil. Se pareció más a comer peta zetas. Eso era más adictivo.
Las 10 de la mañana y ojos de búho, palabras aceleradas, ánimo por las nubes. Tal fue el efecto de sus nuevos peta zetas.
12 AM. Discoteca 2: Un local herméticamente cerrado e inteligentemente insonorizado. Luces opacas en su interior; y lleno, aunque desde el exterior nadie lo hubiese dicho. Aquí, y a esta hora, el humor que domina parece distinto. Ya no hay risas ruidosas, bromas desfachatadas ni vaciles. Los ojos miran ahora a un punto más lejano y parecen más perdidos; pero sus dueños tienen un objetivo mucho más claro. En consecuencia todos los intercambios son más directos.
Te invito.
Lula busca de nuevo la mirada de aprobación. La encuentra y sonríe.
- Ok. Vamos -.
Entra en una pequeña habitación contigua a la gran sala de música electrónica. Es una habitación pequeña y vacía que la recibe con los brazos abiertos. Una salita camuflada, diríase que hecha para el único cometido de proveer tranquilidad para la satisfacción.
Uno..Dos…Los polvos suben y el carpe díem hace acto de presencia como nunca habría imaginado que podría hacerlo.
Lula sale de la salita y redescubre la esfera social del rito que acaba de realizar. Se siente partícipe del acto, como si de un evento social se tratase (al fin y al cabo, es un evento social, se dice). Evento en el que todos comparten la búsqueda de la misma experiencia a través del mismo medio.
14:00h AM: Mediodía resplandeciente. Lula no sabe si la sensación de sueño es real o ficticia. Pero ríe, abraza y se arrastra hacia su hogar. Como el resto.
Yo digo
Tan sólo una vez en mi vida me porté de manera irresponsable, me permiti un descanso de conciencia, moral o juicio; y me dejé arrastrar a un abismo que desconocía.
Verano del 2001. Vacaciones en la ciudad natal. Visita a la familia.
Siempre me ha unido un amor filial tan sumamente intenso a mi primo; un año menor que yo y de naturaleza loca, homosexual e ingenua; que confíaba plenamente en su buen juicio y le permitía casi todo, creyendo que cada una de las locuras que pudiera acometer no eran más que una fase que le ayudaría a convertirse en la gran persona que sin duda sería.
Como decía…Verano del 2001. Calor. Fiestas de estío. Reunión con viejos amigos y un objetivo común: comernos la noche, la mañana y el mundo. Para lo que contábamos con tantos aliados que lo veíamos al abasto de nuestras manos. Comienza la noche del sábado.
Discoteca 1: Reencuentro con conocidos. Todo el mundo parece nervioso, a la espera de algo. Los conocidos se reencuentran. Bromean, ríen, estrechan manos, y comienzan los negocios. Yo, en la retaguardia, lo observo todo.
Las primeras botellas de agua son la también primera evidencia de lo que conlleva el divertimento de esa noche.
Es una estrella. Pruébala, va. No hace casi nada, no pasa nada.
Así que me encomiendo al buen juicio de mi primo y tomo mi primera pastilla de diseño. Una estrella que no sé a qué paraíso me llevará. El pájaro enjaulado que hasta entonces he sido…pugna por salir. Todo por la razón de experimentar. De formar parte de la sensación común.
Primero tomaremos media. Luego...una entera.
Si la mezclas con alcohol hace más efecto.
Todo el mundo es feliz, orgulloso, y vacila de ello. Yo me lo como todo con los ojos (y el mundo, ya llegará)
Fin de la Discoteca 1: Físicamente agotados (pero psíquicamente estimulados) el grupo de amigos nos retiramos un par de horas al hogar de mi primo.
Entre risas, conversaciones intrascendentes y cambios de ropa; rayas de speed desaparecen de la mesa del comedor. Yo ayudando a ello.
La primera fue como cuando se me metía agua por la nariz buceando en la piscina; o cuando me ahogaban mis amigos bromeando. La segunda fue más fácil. Se pareció más a comer peta zetas. Eso fue más adictivo.
Las 10 de la mañana y ojos de búho, palabras aceleradas, ánimo por las nubes. Tal fue el efecto de mis nuevos peta zetas.
12 AM. Discoteca 2: Un local herméticamente cerrado e inteligentemente insonorizado. Luces opacas en su interior; y lleno, aunque desde el exterior nadie lo hubiese dicho. Aquí, y a esta hora, el humor que domina parece distinto. Ya no hay risas ruidosas, bromas desfachatadas ni vaciles. Los ojos miran ahora a un punto más lejano y parecen más perdidos; pero sus dueños tienen un objetivo mucho más claro. En consecuencia todos los intercambios son más directos.
Te invito.
Busco de nuevo la mirada de aprobación. La encuentro y sonrío.
- Ok. Vamos -.
Entro en una pequeña habitación contigua a la gran sala de música electrónica. Es una habitación pequeña y vacía que me recibe con los brazos abiertos. Una salita camuflada, diríase que hecha para el único cometido de proveer tranquilidad para la satisfacción.
Uno...Dos…Los polvos suben y el carpe díem hace acto de presencia como nunca habría imaginado que podría hacerlo.
Salgo de la salita y redescubro la esfera social del rito que acabo de realizar. Me siento partícipe del acto, como si de un evento social se tratase (al fin y al cabo, es un evento social). Evento en el que todos comparten la búsqueda de la misma experiencia a través del mismo medio.
14:00h AM: Mediodía resplandeciente. No sé si la sensación de sueño es real o ficticia. Pero río, abrazo y me arrastro hacia mi hogar. Como el resto.
lunes, octubre 15, 2007
Tú y tu yo
Arriba, en la estantería más inaccesible de todas, se esconde tu más lejano pasado. Tu origen. Quizá la esencia de tu vitalidad.
Sonríes al avistarla y coges resolutivamente la escalera que te ayuda a acceder a ella. Una vez en lo más alto, con una sonrisa melancólica, acaricias parsimoniosamente el lomo de los cuentos y el polvo se levanta.
Tras infantiles versiones de Janes Eyres; Mujercitas y Vueltas al mundo en 80 días, tras colecciones lanzadas por editoriales que destinaron sus recursos al público infantil, tras palabras repletas de fantasías, viajes infinitos, pies descalzos y alguna que otra mente torturada…reside una niña ambiciosa, enérgica e imaginativa que te echa en cara el recordarla como si de algún lejano conocido se tratase.
No dice nada. Pero cierra los puños, frunce el ceño y parece estar a punto de patalear. Está furiosa contigo porque la obligas a hacer algo que no quiere. Porque si no espabilas, sus sueños habrán sido en vano.
- ¿Es que el soñar no es vano en sí mismo? - le increpas - ¿Acaso soñando garantizamos algo?-.
De sus labios surge una carcajada jocosa.
- Estúpida – te dicen sus ojos - … y tú eras la que defendía el sentido de las utopías…
Te muerdes los labios; desvías la vista y el sentimiento de angustia crece.
No soportas escuchar verdades de boca de una niña que inventaba cuentos cuando aún no sabía escribir. Hay que ser estúpido para dedicar tanto esfuerzo a algo de lo que no quedará rastro.
Qué ingenua, la niña que ilustraba esos cuentos a medida que se los dictaba a su padre.
Bueno - te dices – al menos sabía dictar.
Tus dedos continúan posados distraídamente sobre el borde de los libros. Abstraída, observas tu mano y te asombras al no reconocerla, al sentir que no te pertenece. La abres, la mueves, te intentas familiarizar con ella y con sus yemas polvorientas; que han dejado su marca sobre los títulos que acabas de abandonar.
Sacudes la cabeza para hacer desaparecer los ojos de esa niña de tu mente. Esos ojos tan parecidos a los tuyos (pues ya no son iguales).
Funciona; por lo que ya te has olvidado de todo mientras bajas de la escalera, preguntándote en qué demonios estarías pensando.
domingo, octubre 07, 2007
De lo ajeno
Rápidamente hiciste tuya la habitación. Abandonando desordenadamente el bolso, chaqueta y vestido sobre la banqueta de la entrada. Depositando apuntes y libro en la mesita. Apoderándote con cremas, perfume y horquillas de las estanterías del baño.
Te descalzas, te duchas, te recuestas en la cama...Ya está. Es tu espacio.
Y sólo entonces la soledad te rodea. Tú que nunca estás sola sientes ese peso que cae sobre ti. Pues aquí no hay compañeros, amigos, padres o pareja. No hay ordenador ni animaciones a las que recurrir (ya que no te apetece para nada encender el ruidoso aparato televisivo tras 9 intensas horas de formación acerca de cómo comunicar, presentar; de desnudar tus aptitudes ante los demás y de ser vigorosa y socialmente activa) Por fin, escapas al refugio de la habitación del hotel para, de pronto, ser consciente de tu propio ser y sentirte vulnerable ante esta soledad inmensa.
Recurres al móvil como vía de escape de forma más bien infructuosa para, finalmente, resignarte, relajarte, tumbarte...y hacer de este nuevo ambiente tu salvoconducto al descanso.
Mientras tanto, fuera llueve y los ruidos que generan tuus compañeros de viaje son tu única unión al mundo ajeno a tu persona.
miércoles, septiembre 19, 2007
Proseguimos..y 25!
Mi adquisición de ayer fueron los siguientes 3 libros:
Estupor y temblores, de Amélie Nothomb, libro que devoré apenas en una hora el mismo día de la compra y que me descubrió a una escritora de narración sencilla, directa y llena de humor yo creo inteligente y lleno de clarividencia.
(En realidad un descubrimiento pésimo para mi economía, porque ahora el deseo de hacerme con otros libros de la misma autora no ha hecho sino ir in crescendo y no habrá quién me pare en mi próxima visita a cualquier librería.)
Como, como ya he comentado, estoy obsesionada con todo lo asiático y en este libro la autora explicaba su experiencia laboral en Japón, a priori el libro en sí ya tenía oportunidades de éxito asegurado en lo que a mi interés particular se refiere. No sé si fue por esa inclinación favoritista o no, pero me pareció interesante el comprobar que mi recopilación de datos del sistema de trabajo japonés era verídica (trabajos altamente jerarquizados, sistemas de decisiones por grados y con procesos lentos, por supuesto siempre alta valoración a las formas...), aunque no sé si exagerada o si los tiempos han cambiado; y además algunas reflexiones que la autora hacía en clave humor me parecieron tan certeras como la vida misma (la reflexión del encuentro de tranquilidad no esperada en actividades mecánicas o futiles, por ejemplo)
Luego, y siguiendo esta tendencia (no vayamos a perdernos por el camino), me hice con uno de los tantos ejemplares que hay disponibles del Nieve de Primavera de Yukio Mishima. Este libro lo he empezado hoy y, aunque despierta mi interés a un ritmo intermitente (página sí, página no, más o menos), confío en todas las promesas que la crítica aficionada ha tenido a bien facilitarme.
Por último, y en un arranque de máxima profusión a mi trabajo y carrera profesional, opté por el famoso libro La economía Long Tail, de Chris Anderson y DJ Robbie (aún no me he puesto a investigar, por lo que me queda la duda de si este DJ se refiere a algún tipo de segunda profesión o hobby o es una simple coincidencia). Término (el de la long tail) que tanto ha venido inculcándome mi jefe presentación tras presentación, argumentación tras argumentación, desde que entré en la compañía (No es que aún no haya entendido el concepto, sino que si tanto ha dado que hablar, y si aún se repite tanto en un sector tan volátil como el de las nuevas tecnologías/comunicaciones/medio internet, será que algo de verdad esconde; así que opté por comportarme como toda buena alumna que opina que nunca hay que dejar de ir a las fuentes originarias del rumor. Para qué sino perdí tanto tiempo leyendo a Platón y compañía en mis años de estudios de letras puras; con leer los apuntes me hubiera servido...)
Todo esto, cuando aún no he terminado ni El gen egoísta de Richard Dawkins , ni Fantasmas de Palahniuk.
Vaya, que he inaugurado mis 25 años inmersa en el caos literario y audiovisual descrito, sin saber a qué actividad dedicarme para acallar mi inquietud de aprendizaje y espíritu (si a cursos de japonés o a una escuela de escritores a ver si así por fin salto del trampolín) y de flagelarme (siempre en sentido figurado, por supuesto) por no ir a todos los conciertos que quisiera (como el de hoy de Nouvelle Vague en el CCCB. Eso sí, Mika y Air ya los tengo reservados) .
Pero que quede constancia de que lo que no faltan son buenas intenciones.
martes, agosto 21, 2007
El mi mundu

Ya han finalizado mis mini vacaciones. Y digo minis porque creo que aún, tras casi 3 años después de haberme incorporado al mundo laboral, aún no me acostumbro y añoro aquellos 3 meses de verano completamente libres de responsabilidades.
Además, al haber cambiado de empresa aún he tenido menos vacaciones que de costumbre, por lo que me he tenido que conformar con una semana totalmente sabática en Julio, y 2 (no tan sabáticas) en Agosto.
Como este año los cambios en mi vida han sido muchos y la economía lo acusa, hemos optado por una de las opciones más fáciles (la de quedarse aquí o en el apartamento de Tarragona siempre se descarta) y hemos ido a Asturias, dónde hacía ya 2 años que no iba.
A mi Asturias natal a reencontrarme con la familia, estrechar de nuevo lazos quizá ya algo flojos, a paladear los sabores de la sidra asturiana, el bonito, el rey, los chorizos a la sidra, el lacón con cachelos..(no sigo que me podría estar horas), a perderme entre los olores de las sidrerías (mientras me chiscan los que escancian), sentir bajo mis pies el prado de los merenderos y maravillarme ante la fuerza del cantábrico cuando la marea esté alta desde el muro de la playa de San Lorenzo.
Aunque hay cosas que han cambiado. El serrín de los suelos ya había desaparecido hace 2 años, y ahora además ponen tapones en tus botellas que intentan simular el efecto del escanciado (sin conseguirlo), dónde había carteles en castellano y asturiano ahora ha aparecido el inglés sin venir a cuento. Pueblos marítimos antes más apacibles son ahora una calle de souvenirs atestada de turistas. Los precios en los restaurantes y sitios de más bien tapeo han subido, preparan a las 7 mesas para cenas sin posibilidad de simplemente sentarse a tomar algo, inmigrantes antipáticos (antes no había ni inmigrantes, ni casi antipáticos) son sus camareros y playas artificiales han sido generadas y, en general, la campaña de publicidad para fomentar el turismo que el Ayuntamiento de Gijón ha venido realizando últimamente tiene su razón de ser.
A pesar de todo, sigue manteniendo rasgos de su espíritu libre, concienciado, puro y jovial (jovial de espíritu, pues de población siempre me ha dado la impresión de que Asturias en particular es más bien vieja (el fin de la industria minera y siderúrgica, el paro, el éxodo de los jóvenes...ya se sabe)). Y lo vi en las continuas iniciativas al aire libre, el incansable rito del tomar el culín, en las visitas a Cimadevilla o Cabo Peñas. En el jugar de los niños en los prados. En las (aún hay bastantes) carreteras serpenteantes. En su llovizna y en el deje y actitud de la gente. Que nunca es bueno entrar en tópicos, pero es cierto que cada región tiene sus generalidades, y las de los asturianos las admiro y siento más mías simplemente (y aunque a veces me parezca absurdo) por compartir lazos con ellos.
Yo soy la niña sin patria. Que no acaba de ser ni asturiana ni catalana. No asturiana, porque tan solo así nació; no catalana, porque ni nació ello ni se sintió nunca, aunque haya llegado a reconocer como propios e incluso defender algunos de sus modos de vida y puntos de vista. Lo de español lo siente un tanto lejos y ni lo conjetura.
El caso es que en estas vacaciones me he reencontrado y vuelto a sentir cercanos el pasado minero, obrero y revolucionario familiar. También el más aburguesado, pero ese siempre lo he tenido más presente (quizá porque mi presente se asemeja más a aquel pasado que al de valles, banderas rojas y silicosis). Me ha vuelto a invadir la fuerte iniciativa que se apodera de mí cada vez que me enfrento a conocidos con actitudes que admiro (y que a mi pesar me hacen, sin ellos querer, avergonzarme de mi actitud nada activista), y la fuerte añoranza de los años infantiles en los que decía meca cada vez que me hacía daño.
Pero el pasado es pasado y, realmente, parece que todos evolucionamos y queremos seguir sintiéndonos vivos a través de la vivencia de nuevas experiencias porque, a pesar de todo ese sentimentalismo tras dos años de separación, mi deseo durante todo el viaje fue estar lejos de esa tierra, y aprovechar mi tiempo libre para conocer nuevas experiencias que sé me autocomplacerían en extremo.
Por qué estaba en Gijón y no en Tokyo, Nueva York o Hong Kong. Por qué no en Berlín, o Las Vegas. Aunque fuera de pasada.
Quiero verlo todo con mis ojos, tocarlo todo con mis manos, probar con mis labios; y lo quiero hacer todo ya y a la vez. Como los niños pequeños. Odio la espera, la paciencia y todo lo que me hace postergar el conocer.
Me quiero comer el mundo y la realidad siempre dice que espere.